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Actividades > En los medios > Entrevistas > 16 de octubre de 2005
Pedro Luis Gómez Barrondo - Círculo Escéptico«Alguien que se cree el horóscopo ha sacado poco provecho a su educación»Este sicólogo bilbaino es secretario de una asociación de reciente constitución y que responde al nombre de Círculo Escéptico. Hace mucho, mucho tiempo que dejó de creer en fantasmas y, junto a otros escépticos como él, quieren desenmascarar tanta charlatanería, superstición y sacacuartos y todo en una sociedad tan crédula. Fomentar la práctica del escepticismo, entendiendo éste como el pensamiento crítico y racional, como herramienta indispensable para la comprensión del mundo y la toma de decisiones en la vida diaria. Este es el principal fin de Círculo Escéptico, una iniciativa cuyo ámbito es el Estado español, pero que tiene su sede social en la capital bilbaina. Se constituyó en agosto pasado, tiene ya su propia página web (www.circuloesceptico.org) y está avalado por voces tan respetadas como la del director del Planetario de la capital navarra, Javier Armentia. Su lema viene a ser el de fomento del pensamiento crítico y racional. ¿Estamos a falta de mucho de ello? No tenemos más que darnos una vuelta por la calle, leer la prensa, ver la televisión, oír la radio para darnos cuenta de cómo el pensamiento mágico aflora influyendo en cualquiera de nuestras actividades cotidianas. No resulta difícil encontrarse con un programa de radio o de televisión, ¡en pleno siglo XXI!, en el que se defiende que el hombre no estuvo en la Luna. También es fácil leer cómo hay quien sigue abogando, en contra del conocimiento científico, por el mantenimiento del concepto de raza para poder seguir estableciendo supuestas diferencias con las que sentirse superior genéticamente y preservar de este modo un status que le favorezca.
¿Quiénes conforman el Círculo Escéptico? Somos personas normales y corrientes, cuya preocupación por el auge del pensamiento irracional, mágico y religioso nos ha llevado a tomar una postura de desenmascaramiento de aquellos charlatanes que hacen alarde de posturas anticientíficas y antirracionales y utilizan sistemáticamente el engaño para obtener todo tipo de beneficio de quienes creen en sus patrañas. Nuestro empeño consiste en facilitar a los ciudadanos la información necesaria que les permita adoptar en su vida cotidiana decisiones lo más acertadas posibles y lo más alejadas de cualquier intento de manipulación esotérico, religioso o político. ¿Cuándo dejó usted de creer en fantasmas? Lo que es en fantasmas la verdad es que nunca he creído en ellos. Aprendí desde pequeño a separar aquello que pertenecía al mundo imaginario y mágico, propio de los cuentos de hadas y de las leyendas, de lo que era propio del mundo físico y real. «Los muertos no hacen daño. Con quienes hay que tener cuidado es con los vivos», «Los fantasmas peligrosos no son los que llevan sábanas y cadenas», y frases parecidas solía decirme mi aita, y la vida me ha demostrado con creces que así suele ser. En cuanto a las supersticiones religiosas, esas ya son harina de otro costal. Podría decir que mis fantasmas religiosos me persiguieron, aproximadamente, hasta los dieciséis años, momento en el que realicé una lectura crítica de la Biblia, que me hizo comprender que como texto literario tiene un cierto valor pero que como libro histórico su valía es más bien nula. ¿Creer en un dios es también cosa de fantasmas? Las creencias siempre y cuando no estén basadas en hechos empíricamente contrastables y demostrables son claramente supersticiosas. Las religiones se basan en la fe; es decir, en la creencia ciega en un concepto que es, por su propia definición, indemostrable. La conclusión es, por consiguiente, obvia.
¿Uno debe ser escéptico por naturaleza? ¿Se refiere a si uno debe ser incrédulo porque sí? Si es así, la respuesta es no. Siempre se debe tomar una decisión en función de los datos existentes. Para ello el poder disponer de todos los antecedentes es imprescindible. Pero, parafraseando a Rousseau, ¿el ser humano es supersticioso por naturaleza o se hace en contacto con la sociedad? El ser humano necesita comprender y entender el mundo en el que debe vivir. Para ello recurre a un mecanismo ancestral basado en el intento de comprensión de la causa y el efecto. Estamos siempre abocados a buscar cuál es el origen de un determinado hecho. Aquí es precisamente donde algunos se pierden al atribuir un determinado efecto a la causa equivocada. Así nacen las falsas explicaciones,las interpretaciones erróneas, en otras palabras, las creencias supersticiosas de las que nadie, que no cuestione todas las explicaciones posibles y valore todas las posibilidades, está libre. Esto no siempre está al alcance de todo el mundo y es aquí donde aparecen los negociantes de la charlatanería mágica, religiosa y política con sus tenderetes lleno de falsas explicaciones y siempre prestos al negocio fácil del engaño. ¿Pero no necesitamos creer en algo? La creencia admite el prestar crédito a algo que no está demostrado o de lo que no se tiene forma de contrastación empírica. ¿Me creería usted si le dijese que un vaso de buen vino de Rioja es igual a otro vaso de agua mineral en el que se ha echado una gota del mismo vino? Seguro que esta creencia no entra dentro de sus expectativas a corto plazo, ni la considera realmente necesaria. Pues bien, son muchos quienes dan crédito a este tipo de creencias irracionales y claramente anticientíficas cuando consumen preparados homeopáticos en los que las diluciones infinitesimales han llevado a que no exista ni una sola molécula del principio activo en la solución final. ¿Cómo es posible que con el gránulo homeopático sí que se admita y con el vaso de vino diluido en dosis homeopáticas no cuele?
¿Qué piensa cuando ve a alguien leyendo el horóscopo? Que es alguien que debe estar muy aburrido para perder el tiempo en leer un texto tan monótono y repetitivo, en lugar de ocupar su tiempo con una buena lectura. Mire usted, la verdad es que a los 'horroróscopos' no les encuentro atractivo ni bajo ese epígrafe de Pasatiempo, con el que algunos periódicos han decidido describir su carácter supuestamente lúdico y de paso cubrirse las espaldas, por si alguien decidiese demandarles por publicar falsa información que afecta a sus vidas. Ahora bien, cuando a la lectura le sigue el comentario del lector en el sentido de que va a ser un día en el que tendrá que tener cuidado con tal cuestión o con tal otra, me entristece el pensar el poco provecho que se le saca a la educación obligatoria. Parece increíble que todavía haya quien crea que su vida está predeterminada y regida por la supuesta influencia de unos astros que, en realidad, ejercen menos atracción sobre ella que la taza de café y el bollo que tiene sobre la mesa. Sicofonías, platillos volantes, poltergeis, voces del más allá, vírgenes que lloran sangre,... ¿no nos van a dejar nada en qué distraernos? Bueno, la verdad es que mientras una persona se tome todos estos temas como divertimento nosotros no tenemos nada que decir al respecto. A los escépticos también nos parece que muchas de estas creencias, absolutamente estrafalarias, tienen su encanto y un innegable aspecto lúdico y divertido. ¿Qué usted quiere irse a la selva de Irati a pasar una noche buscando al Basajaun con esa compañera de estudios que le tiene totalmente comido el seso? ¡Magnífico! Lo único que puede pasarle es que se pille un buen resfriado, pero quizás haya merecido la pena. El problema se suscita cuando una persona comienza a regir su vida acorde a unos presupuestos falsos porque es entonces cuando estas falsas creencias acaban por ponerle en manos de gurús sectarios, de nigromantes de poco pelo, de curanderos, de exorcistas, etc., en pocas palabras, de embaucadores que, con bata blanca o sin ella, se esmerarán por aprovecharse de su desesperación para vaciarle la cuenta corriente. Incluso la homeopatía ha sido puesta en tela de juicio en los últimos tiempos. La verdad es que está costando un gran esfuerzo el situar, en concreto a la homeopatía y en general a todas las pseudoterapias supuestamente alternativas, en el lugar que les corresponde; a saber, el de las falsas creencias que encierran grandes negocios. Con la homeopatía y con el enorme emporio económico que se esconde tras esta práctica, absolutamente fraudulenta, de venta de agua con efecto placebo a precio de fármaco, la verdad es que mucho me temo que va a ser difícil acabar a corto plazo por mucho que todos los resultados empíricos, como los publicados recientemente en la prestigiosa revista ''Lancet'', demuestren que la ingesta de estos preparados no tiene sobre el organismo ningún efecto mensurable. Cuando los intereses económicos o corporativos se aúnan al desconocimiento, las supersticiones son mucho más difíciles de combatir y de erradicar. ¿Las seudociencias tienen algo de inofensivas? Sólamente el nombre. Nada que contenga falsas explicaciones y que sirva para socavar ese sentido crítico, que nos permite percibir la realidad con la mínima distorsión posible, puede ser tildado de inofensivo. Las pseudociencias solamente contribuyen a vulnerar el derecho a un conocimiento basado en datos fiables y contrastados. En este sentido minan gravemente la libertad de opinión y de elección de la ciudadanía. ¿Ser cultos para ser libres? La libertad de opinión debe estar siempre basada en el conocimiento objetivo de los hechos y nunca en meros prejuicios. La libertad es un logro cultural que se alcanza a través del conocimiento de la realidad mediante el ejercicio de la razón. Preguntándonos el por qué de cada afirmación y desterrando las ideas irracionales que continuamente intentan vendernos, conseguiremos evitar cualquier tipo de manipulación y estar mucho más cerca de esa tan ansiada libertad. Desgraciadamente, la cultura por sí sola, si no va acompañada de ese espíritu crítico que tanto hemos mencionado, no es garantía suficiente. Es probable que José Martí se hubiese acercado más a la verdad si hubiese escrito: «Ser críticos para ser libres». ¿Cree usted en la suerte? Creo en el azar, entendido éste como esa casualidad de los hechos a la que se encuentra sometido todo el Universo y nosotros con él. El principio de incertidumbre rige nuestro mundo. Sin embargo, esta misma incertidumbre azarística es la que nos libera del determinismo al que, quienes postulan la existencia de la buena o de la mala suerte, nos quieren atar para traficar con nuestro miedo al porvenir. Son nuestras propias decisiones, influidas por el principio de incertidumbre, lo que nos conduce a labrarnos nuestra propia suerte y, por tanto, a ser dueños absolutos de nuestro futuro. - Publicado en 'Diario Gara'. |
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