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Dossier "Iker Jiménez"
Las caras de Bélmez

"Tumbas sin nombre": El bigote de la discordia
Tumbas sin nombre: CSI... en Bélmez
Conócete a ti mismo
"Las caras de Bélmez son auténticas", sentenciaba Íker Jiménez en una "exclusiva mundial" en 1997

"Tumbas sin nombre": El bigote de la discordia
(por Lola Cárdenas Luque)

"Tumbas sin nombre" es el título que recibe un ladrillo de 285 páginas firmado por Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández acerca del fenómeno de las caras de Bélmez. Las malas lenguas cuentan que Iker puso poco más que su nombre, su cara en las fotos y algunas líneas, pero dejaremos los cotilleos para cuando hable de mi viaje a Bélmez.

En dicho libro se plantea una hipótesis cuanto menos, "arriesgada" para explicar qué son las caras de Bélmez: afirman, tras una sesión de hipnosis, que las caras de Bélmez son los rostros de algunos parientes de María Gómez Cámara, muertos en la Guerra Civil, en el asedio al santuario de la Virgen de la Cabeza, saldándose con la muerte de mucha gente, entre ellos una hermana de María, el marido de esta hermana, y cinco de las siete hijas que tenía la pareja. Este marido era guardia civil, dato que resulta relevante en esta entrada.

El libro desarrolla el asedio con unos cuantos puntos más bien fantasiosos, referidos a cómo vivieron las víctimas la tragedia y sus últimos momentos, pero no entraremos en esos detalles. Si no fuera por el tema que trata, pasaría por una novela más, porque la trama es bastante inverosímil como para creer de verdad que estamos ante una investigación.

La cuestión es que en ese libro se hace un análisis comparativo de las caras de Bélmez con fotografías de los familiares de María muertos en aquel asedio. Y hay una comparativa especialmente chocante: la del guardia civil con "La Pava".

Isabel Chamorro, una de las dos supervivientes, sale en el libro con un cuadro de familia, donde están las fotografías de sus padres y hermanas muertas. Ese cuadro de familia está compuesto de trozos de fotografías, como podemos ver:


Isabel Chamorro con el cuadro de las fotografías

Página 20 del libro. Fotografía más grande, aquí.


Abajo a la izquierda se ve a la madre. Su cara fue tomada de la siguiente fotografía, donde fue fotografiada junto a su marido y una hija pequeña. Esta fotografía es bastante anterior al asedio:


Miguel Chamorro con el bigote hacia arriba

Página 47 del libro. Fotografía más grande, aquí.


Cabe pensar que la fotografía del marido la tomaron de la misma (¿por qué no?) e, incluso, a pesar de los hábiles brillos que no permiten apreciarlo del todo bien, se puede afirmar con cierta confianza que estamos hablando de la misma fotografía (se ve mejor en la versión grande, obviamente).

Señalo dos detalles: el bigote del guardia civil está hacia arriba, y su boca aparece cerrada. Los propios autores señalan que lo del bigote era reglamentario, en la página 47: "Miguel -con el bigote engominado hacia arriba, tal y como ordenaba el reglamento- y María".

Así que ahora veamos la fotografía donde lo comparan con "La pava":


Miguel Chamorro y La pava se parecerían menos si el bigote estuviera hacia arriba y con la boca cerrada

Página 30 del libro. Fotografía más grande, aquí.


Yo observo algo extraño. Tiene la boca abierta en una mueca completamente inhumana (y mucho más como para ser un retrato en el que se está posando), y el bigote... está hacia abajo. Es más, no parece natural, parece un borrón. Si la comparamos con la "del bigote hacia arriba", vemos que tanto el gorro como las hombreras están exactamente en la misma posición. El perfil de la cara es el mismo (es decir, es la misma posición) y los ojos muestran la misma mirada.

La imagen está evidentemente manipulada, y sabemos que así le llegó a los analistas (José Manuel García Bautista y Rafael Cabello Herrero, página 113 del libro) por parte de Iker Jiménez. Quién ha sido y si ha sido para forzar los resultados, no lo podemos saber.

Por ello, esta transición no deja de ser una mera anécdota más que una demostración de nada:


De Miguel Chamorro a La pava

Página 128 del libro. Fotografía más grande, aquí.


Pronto, más datos sobre la "comparativa" de estas imágenes y las caras de Bélmez de parte de uno de los compañeros de la central de enlaces críticos con la pseudociencia.

Tumbas sin nombre: CSI... en Bélmez
(por Gerardo García-Trío San Martín)

Entonces llamamos al forense, que ni era médico ni nada: tenía un Ford y le llamábamos "el Forense".
Miguel Gila, (1919-2001); humorista español.

* * *

Portada de Tumbas sin nombreTumbas sin nombre no es un libro más sobre las caras de Bélmez. Los autores, Íker Jiménez y Luis Mariano Fernández (malas lenguas dicen que Jiménez ha puesto poco más que la firma en la portada), se han fijado un objetivo más ambicioso que escribir la enésima recopilación de anécdotas sobre el agotado "enigma" de las caras. Han llevado a cabo una investigación que pretende aportar datos espectaculares: la identidad de las famosas "teleplastias". Las conclusiones, como se verá en este artículo, son absolutamente inaceptables.

      La aventura del nuestros "reporteros de misterios" arranca en 2003 con la "pista" que surge en Bélmez de la Moraleda, donde el hipnotizador televisivo Ricard Bru somete a la vidente Ana Castillo a una especie de regresión hipnótica "por poderes". La médium dice "revivir" hechos de la vida de María Gómez Cámara (la famosa dueña de la casa de las caras de Bélmez), y sus "visiones" de muerte se identifican con la matanza real de familiares de María en el asedio del Santuario de la Virgen de la Cabeza durante la Guerra Civil española (en la revista Estigia tenemos esta misma historia). Sobre estos intragables indicios paranormales, los autores inician una investigación que acaba con la identificación de las caras de Bélmez con los parientes de María muertos en el asedio. Para reforzar estas conclusiones, antiguas fotografías y las "teleplastias" son contrastadas, con éxito aparente, mediante software forense y policial de identificación y bajo el supuesto asesoramiento de un experto de la policía científica.

Uno de los análisis de Tumbas sin nombre      En fin, asombroso y delirante, como siempre en este tipo de publicaciones. Desde luego, aburre ya la insistencia de ciertos "misteriólogos" en desoír a estas alturas las incontables evidencias a favor del fraude en las caras de Bélmez, pero el lector agradece por lo menos la novedad (para el que quiera acercarse a una información seria y crítica sobre este falso misterio, recomiendo el número especial de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico y, sobre todo, el completísimo dossier de Bitácora Internacional).

      En este artículo dejaré de lado la supuesta investigación y me centraré en la que es sin duda la prueba estrella de Tumbas sin nombre: los análisis informáticos. Veremos por qué tales contrastes son absurdos sobre las imágenes de las caras, por qué además han sido realizados deficientemente, y por qué los resultados (y posiblemente los autores del libro) se ven comprometidos aún más por algunas irregularidades graves que apuntan al fraude. Para ello cuento con la amable colaboración de un médico forense en activo y con la información que me han proporcionado Jose Manuel García Bautista, elaborador de los análisis informáticos de Tumbas sin nombre, y Salvador Ortega Mallén, el policía científico que colaboró en la obra.

Un poco de ciencia forense

Comparación de un cráneo y su reconstrucción facialEn Tumbas sin nombre se nos presentan unos estudios espectaculares, se nos intenta impresionar con palabras como "asesoramiento forense", "análisis faciales", "robotización de imágenes" y programas informáticos como Confront GB, Facette, M/Gi o Shoock, empleados por Scotland Yard y la policía científica española, italiana y alemana...; pero, tras la apabullante cortina de humo, ¿de qué nos están hablando en realidad? Sencillamente, de identificaciones forenses. Empecemos pues con algo de teoría.

      Una de las primeras tareas de la policía científica al hallar un cadáver es la de establecer su identidad. Si a la víctima la pueden reconocer familiares o conocidos, ha muerto en su propia casa o conserva sus documentos personales, el trabajo es sencillo. Sin embargo, en ocasiones, el cuerpo puede aparecer muy desfigurado, escondido y en avanzado estado de descomposición y, si se trata de un crimen, puede que se haya intentado entorpecer la identificación.

      Los restos mortales siempre se examinan en busca de indicios que puedan ayudar a establecer la identidad: desgastes de la ropa que puedan desvelar un oficio, enfermedades como úlceras de estómago o piedras renales, malformaciones, marcas de nacimiento, señales como tatuajes, callos o cicatrices tienen una gran importancia. Cuando no queda más que un esqueleto o unos pocos huesos, los antropólogos forenses pueden también deducir con mucha exactitud información de la víctima como la causa de su muerte, su sexo, altura, edad o incluso datos como su oficio o su nivel económico.

Partes de la cabeza mencionadas      Todas las líneas de investigación son agotadas hasta encontrar una posible identidad. La confirmación requiere entonces someter los restos mortales a pruebas científicas. Los análisis de ADN han facilitado esta tarea en la actualidad y la han dotado de una exactitud casi absoluta, pero otras técnicas tradicionales no son menos fiables y se siguen empleando en las investigaciones actuales. Una forma frecuente de identificación (la que se pretende emplear en Tumbas sin nombre) consiste en la comparación del cadáver con fotografías de la persona en vida. Los forenses tratan de conseguir un buen retrato de la presunta víctima que muestre, a ser posible, elementos que permitan una comparación precisa, como los dientes o las orejas. Los restos mortales se fotografían entonces desde el mismo ángulo exacto en que fue tomada la imagen en vida y, mediante una sobreimpresión, las dos fotografías se cotejan en busca de coincidencias. Las orejas, los dientes, los arcos superciliares, las protuberancias de los huesos frontal, nasales, cigomáticos, el maxilar inferior... son puntos básicos de la cabeza que los médicos y antropólogos forenses cotejan para establecer una identificación científica.

Un ejemplo clásico: la identificación de Isabella Ruxton

La sobreimpresión que identificó a la Sra. RuxtonEn 1935, Inglaterra vivió el macabro "crimen de los cuerpos bajo el puente", un caso que acabó siendo un paradigma de este tipo de comparaciones fotográficas forenses. La mañana del 29 de septiembre, en Escocia, una joven halló bajo un puente los restos de dos seres humanos descuartizados, mutilados y en avanzado estado de descomposición. El asesino, que parecía tener conocimientos forenses, había intentado impedir la identificación de los cuerpos arrancándoles las yemas de los dedos, las orejas, los ojos, los labios y la piel de las cabezas. Sin embargo, los expertos anatomistas consultados por la policía determinaron sin problemas que se trataba de los cadáveres de dos mujeres de 21 y 35 años aproximadamente. Los periódicos que envolvían los restos resultaron ser de una tirada local de Lancaster, Inglaterra, y pronto se identificó a un sospechoso de la zona: el doctor Buck Ruxton había denunciado la desaparición de su asistenta; su esposa, Isabella Ruxton, estaba también en paradero desconocido. Al registrar el domicilio familiar se encontraron restos de sangre y grasa humanas, pero las pruebas que condenaron a la horca a Buck Ruxton fueron las identificaciones de las dos mujeres que realizaron James Couper Brash, del Departamento de Anatomía de la Universidad de Edimburgo, y John Glaister Jr., profesor de Medicina Forense en Glasgow. La que a nosotros nos interesa fue la de la Sra. Ruxton: a pesar de haber sido desfigurada arrancándole la nariz y los dientes, su fotografía sobreimpresa sobre uno de los cráneos coincidió con tal exactitud que no dejó lugar para la duda (clic aquí para una fotografía ampliada).

Los análisis de Tumbas sin nombre

Imagen promocional de Tumbas sin nombre

En un experimento pionero coordinado por Jose Manuel G. Bautista y Rafael Cabello, utilizando avanzados programas informáticos policiales y con el asesoramiento de Salvador Ortega Mallén, fundador de la Policía Científica Española, se han obtenido pruebas sorprendentes. ¿Son las Caras el reflejo de aquella familia muerta trágicamente? Ésta es solo una muestra.

(Texto e imagen promocionales de Tumbas sin nombre)

Las imágenes analizadas en el libroNo nos dejemos impresionar; aplicaciones informáticas como las que se mencionan en Tumbas sin nombre (y soluciones comerciales más normales como Photoshop) son herramientas que facilitan a los profesionales forenses el manejo de las imágenes: con la fotografía tradicional, conseguir una comparación que reuniese los parámetros adecuados era un trabajo más complicado y costoso que con los medios digitales actuales; pero un programa no hace milagros ni puede obtener resultados de la nada. Como es evidente, las caras de Bélmez no pueden proporcionar información para una identificación mínimamente rigurosa (no digamos ya científica), una sobreimpresión exitosa es inviable y los puntos faciales necesarios para una identificación no existen. No hay nada que hacer en este sentido.

      Las comparaciones entre fotografías y "teleplastias" se hicieron sobre cejas, boca, óvalo de la cara, distancias entre ojos o fosas nasales y parámetros semejantes, cuando estos existían (Tumbas sin nombre, 113-133); solo por esto ya se puede afirmar que los análisis no tienen ni de lejos la fiabilidad de una identificación forense. Son absurdas afirmaciones alegres como "las coincidencias y paralelismos dan un nivel de concordancia de un 68.3 por 100 en modo forzado, lo cual nos indica algo más que el simple azar o el capricho del mismo en la formación del conjunto de Bélmez" (p. 113). Tales conclusiones son en verdad sorprendentes cuando las imágenes ni siquiera resultan parecidas a simple vista; y no está de más recordar aquí que María Gómez Cámara siempre negó que las caras fuesen de sus familiares.

Establecimiento de matrices y más cosas que suenan muy técnicas en Tumbas sin nombre      Las objeciones a las pruebas se multiplican al conocer la información que me proporciona el realizador de los análisis, con quien tuve la suerte y el placer de coincidir como colaborador en la revista de internet AOL2002. Jose Manuel García Bautista es un investigador conocido en el mundillo del misterio, profesional de la informática y la electrónica, antiguo administrador del sitio Ikerjimenez.com y corresponsal del programa de radio de la cadena SER Milenio 3, dirigido por Íker Jiménez, uno de los autores de Tumbas sin nombre.

      Bautista, que junto a Cabello no ha visto ni un euro por su colaboración en el libro (haciendo amigos, Íker), opina que las conclusiones sobre las "teleplastias" son "muy relativas" debido a la poca calidad de las imágenes analizadas. Afirma que no pudo controlar las pruebas al no tener acceso a las fotografías originales, ya que se las entregaron digitalizadas, y que la mayoría de los análisis tuvieron "resultados catastróficos" que han sido omitidos. Aclara que nunca fue asesorado policialmente, como se afirma en la promoción del libro; en realidad únicamente recibió copias de los programas, algunos sin manual de empleo, e incluso tuvo que arreglárselas solo para aprender a utilizarlos. Además, me explica que el software de identificación fue usado en "modo forzado", que arroja resultados positivos donde no lo hace una identificación normal e implica rotar y alterar las dimensiones de las imágenes para ajustarlas en su destino.

Darwinplastia: comparación hecha por el autor de este artículo      Con el "modo forzado" el proceso se vuelve tan subjetivo que es sencillo conseguir un éxito aparente. Yo mismo, empleando el programa de manipulación fotográfica Corel Photo-Paint, he podido conseguir coincidencias entre una de las "teleplastias" llamada El Abuelo y una fotografía de Charles Darwin. Para lograr la "Darwinplastia" no necesité nada más que un leve ajuste de la anchura (y al realizarlo ya en la fotografía original, la modificación ni siquiera se advierte).

      Bautista es también el autor de otras comparaciones ajenas a Tumbas sin nombre y publicadas en la revista Año Cero en diciembre de 2004; un intento de dar credibilidad al "descubrimiento" de octubre de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (S.E.I.P.): unas nuevas caras de Bélmez bajo acusaciones de fraude. El método seguido por Bautista fue el mismo salvo por un nuevo programa privado añadido a los anteriores y que, en prevención de posibles manipulaciones, prefirió obtener sus propias fotografías de las "teleplastias".

Análisis de Bautista para Año Cero      De los análisis, que Bautista confiesa de nuevo "desastrosos" en general, solo se publicaron los que tuvieron "éxito" sobre una foto carné y que supuestamente identifican a la difunta María Gómez Cámara con una de las "caras". Evidentemente, podemos darles la misma credibilidad forense que a los de Tumbas sin nombre: ninguna (otra demostración de su subjetividad en Adimensional).

      ¿Qué tiene que decir sobre todo esto el policía científico consultado en Tumbas sin nombre? Pues antes de nada, corregir a los autores, ya que han exagerado notablemente su currículum (p. 101). En la conversación telefónica que mantuvimos, Salvador Ortega Mallén se apresuró a proporcionarme los datos exactos: no es "fundador de la Policía Científica española", sino uno de los primeros en aplicar métodos policiales modernos en España; no fue "director del grupo de Homicidios de Sevilla y Barcelona", sino que puso en marcha el grupo de Homicidios en Andalucía; y no es "diplomado en psiquiatría forense", título que no existe, sino diplomado en criminalística: una figura dentro de la policía preparada para entender los estudios de un científico y aplicar algunos procedimientos, pero no un forense.

      Salvador Ortega, conocido en los programas de "misterios", un invitado habitual de Íker Jiménez en Milenio 3 o de Javier Sierra en su espacio televisivo en Telemadrid, confirmó que no hubo asesoramiento técnico por su parte: "a los otros analistas ni los conocía, lo único que hice fue revisar las técnicas que ellos habían hecho". Durante nuestra conversación me dejó realmente desconcertado con afirmaciones de sus creencias como "las 'telekinesias' existen" o dando crédito a la "regresión hipnótica" relatada en la primera parte del libro (pp. 15-22) y que él definió como "hipnosis controlada a una médium". Quizás se entiende mejor ahora por qué, aunque no llega a compartir las explicaciones sobrenaturales de los autores, Ortega avala totalmente los resultados de las pruebas. Incluso realizó sus propios análisis sobre las fotos con resultados parecidos.

La opinión del forense

Para este artículo quise contar con el asesoramiento de algún profesional forense. Lamentablemente, aunque conseguí la ayuda, no puedo citar mis fuentes debido a sus normas profesionales y, por qué no decirlo, a lo ridículo de un asunto en el que no quieren verse mezclados. Mi primer intento fue con el doctor especialista en identificaciones del departamento de medicina legal de una facultad de medicina de una universidad de cuyo nombre no debo acordarme, que nada más oír la palabra "paranormal", y a pesar de explicarle mis intenciones críticas, me indicó que no podía ayudarme ni siquiera anónimamente: la credibilidad de su equipo en los juzgados depende tanto de las pruebas científicas como del prestigio personal. De todas formas, me encaminó hacia un médico forense de los juzgados que sí fue tan amable de resolver mis dudas y contestar a mis preguntas; aunque tampoco me está permitido dar su nombre, ya que tienen como norma profesional no implicarse en nada ajeno a los tribunales.

Búsqueda de coincidencias entre imágenes en Tumbas sin nombre      Su opinión fue tajante: "el programa informático solo es una herramienta que facilita los análisis, pero siempre sobre bases científicas. Los rasgos analizados, como la distancia entre ojos, boca y nariz, etc., son valores subjetivos -y que están manipulados por el "modo forzado", añado yo- que no son una base válida, como sí lo serían por ejemplo los dientes. Si es cierto que algún programa da esos resultados sobre tal material, o ha sido mal empleado o dudaría de la fiabilidad del programa". Y concluye: "esto es muy fácil de hacer, solo hay que tener caradura y muy poca vergüenza. Es gente sin escrúpulos que se inventa un cuento y lo adorna con un poco de pseudociencia".

      Lo extraño es que el policía Salvador Ortega Mallén no opine lo mismo que nuestro médico forense. Mallén parece no saber distinguir una identificación absurda de una válida a pesar de que en Tumbas sin nombre describe métodos empleados en su trabajo que parecen correctos: "Las orejas son claves. Nos dan una gran cantidad de información completamente individualizada. [...] Hicimos fotografías con el mismo focal, medida, distancia y encuadre para superponerlas a las del cráneo sobre el niño. Así se actúa." (pp. 104-107). Por qué Salvador Ortega olvida este rigor a la hora de juzgar comparaciones hechas sobre un material inadmisible como las imágenes de Bélmez, no lo puedo explicar (el médico forense no dudó en diagnosticarle un "delirio inducido").

Una foto con trampa

Imagen de Miguel Chamorro usada en las comparaciones de Tumbas sin nombreEn el informe de los análisis de Tumbas sin nombre, se emplean estas palabras acerca de la comparación entre la "teleplastia" llamada La Pava y el Guardia Civil de la fotografía: "La imagen clasificada como 'Padre' (Miguel Chamorro) quizás es una de las que más correspondencias guarden con la imagen fotográfica relacionada. [...] El bigote también presenta una similitud abrumadora, curiosamente; así como la revisión anterior es perfectamente coincidente en tamaño, arco de caída y forma, particularmente este elemento creemos que es el más relevante entre todas las fotos verificadas" (pp. 116-119).

Otra fotografía con Miguel Chamorro en Tumbas sin nombre      ¡Por supuesto que se parece, ha sido modificada para que así sea! En la página 47 del libro podemos ver la fotografía original de Miguel Chamorro con su familia, antes de este extraño proceso de "restauración". ¿A quién se le fue la mano? Jose Manuel García Bautista afirma que no llegó a conocer este original, ya que él y Cabello recibieron directamente de Íker Jiménez, quien coordinaba todo desde Madrid, la versión alterada entre las demás imágenes digitalizadas (no sería la única vez que Jiménez es relacionado con falsificaciones fotográficas, engaños o periodismo deshonesto). Salvador Ortega Mallén declara que no supo de la existencia de esta imagen hasta la publicación del libro: "eso no lo hice yo". De hecho, podemos leer que él analizó en compañía de Íker Jiménez y Luis Mariano Fernández la imagen de Chamorro sin manipular: "sin tricornio y en la época del santuario podríamos ajustarnos más..., y sabemos que su edad en el santuario era ya de cuarenta y ocho años, con efigie redondeada por la edad y sin fijador en los bigotes. Reuniendo y modificando esos parámetros probablemente veríamos una conformación muy similar." (p. 107). Estas palabras debieron de excitar mucho la imaginación de alguien.

Un Chamorro envejecido en la página 52 de Tumbas sin nombre      El asunto podría tener alguna justificación si se hubiese advertido en el libro de que la imagen ha sido retocada para ajustarse a un posible aspecto envejecido y desaseado de Chamorro en el asedio del santuario; aunque sería todavía una pobre excusa para esa inverosímil boca de buzón tan "paviana", además de hacer incomprensible que no se usase la fotografía de Chamorro, ya mayor, publicada en una ficha en la página 52. Lo que es intolerable es que se venda al lector este trucaje como el mayor "éxito" de los análisis. Que las dos fotografías son la misma queda claro en la superposición animada que he realizado: la parte superior de ambas imágenes coincide a la perfección.

 Una superposición de ambas fotografías demuestra la manipulación

      Y que conste que mi fiel Corel Photo-Paint no tiene "modo forzado".


* * *

Actualización: han surgido varios intentos de exculpar del fraude a los autores de Tumbas sin nombre. Una de las excusas, declarada por Carmen Porter (compañera de Íker Jiménez y que nos permitiremos aquí tomar como su portavoz) es que "se les olvidó" aclarar en el libro que se trataba de una manipulación. Esto no es nada creíble, dado que en los distintos programas de radio en que presentaron el libro nunca se comentó tal manipulación y que en el libro queda escrito:

"La imagen clasificada como 'Padre' (Miguel Chamorro) quizás es una de las que más correspondencias guarden con la imagen fotográfica relacionada. [...] El bigote también presenta una similitud abrumadora, curiosamente; así como la revisión anterior es perfectamente coincidente en tamaño, arco de caída y forma, particularmente este elemento creemos que es el más relevante entre todas las fotos verificadas" (pp. 116-119)."

      Quien pretenda hacernos creer ahora que esto no es intentar colárnosla con engaños es que pretende también tomarnos el pelo.

      La otra estrategia que se ha empleado (como ejemplo tenemos los comentarios de este mismo artículo) es pretextar que la foto ya fue manipulada por Ricard Bru (el hipnotizador mencionado al principio) mucho antes de que se publicase Tumbas sin nombre. Esto es mentira. Carolina Potet nos demuestra en un artículo (disponible también en Editorial Bitácora) que esto son intentos de "pasar la patata caliente".

A la derecha, la imagen de Bru; a la izquierda la de Tumbas sin nombre      Ricard Bru presentó efectivamente en el programa Flashback una imagen manipulada; pero se trata de otra fotografía distinta, una manipulación totalmente ajena a la del libro de Íker Jiménez y Luis Mariano Fernández; además, Ricard Bru sí avisó claramente en el programa de que su imagen estaba manipulada. La fotografía de Tumbas sin nombre analizada en mi artículo es una manipulación creada para el libro de la que se da ninguna aclaración, como ha quedado dicho y creo que suficientemente demostrado.

      Lo que descubrimos también con esta nueva información es que lo único que el libro tenía de elogiable desaparece: ni siquiera es original, todo lo que leemos en Tumbas sin nombre lo contaba ya Ricard Bru en aquel programa.

      Más de esta nueva información, en el artículo original de Carolina Potet.


Bibliografía:
-Jiménez Elízari, Íker y Fernández Pimental, Luis Mariano. 2003. Tumbas sin nombre. Madrid: Editorial Edaf, S.A. (2004, 2ª ed. ampl. y rev., 1ª imp. "Con las nuevas caras de Bélmez y las últimas investigaciones sobre el fenómeno")
-Maples, William R. y Browning, Michael. 2001. Los muertos también hablan. Memorias de un antropólogo forense. Barcelona: Alba Editorial, S.L. (2003, 3ª ed.)
-Owen, David. 2000. 40 casos criminales y cómo consiguieron resolverse. China: Editorial Taschen.

Enlaces:
-http://www.archiveshub.ac.uk/news/03102102.html
-http://www.fmap.archives.gla.ac.uk/
-http://www.nytimes.com/books/
-http://www.richard.clark32.btinternet.co.uk/
-http://www.manchester2002-uk.com/
-http://www.iqb.es/
-http://www.elmundo.es/elmundo/2004/11/28/sociedad/
-http://www.adimensional.info/
-http://www.ikerjimenez.com/tumbas_sin_nombre.htm
-http://www.luismarianofernandez.com/sinopsis
-http://www.luismarianofernandez.com/tmbsinnomb
-http://www.luismarianofernandez.com/Reseña
-http://www.comentariosdelibros.com/come2003-1/
-http://www.luismarianofernandez.com/EntrevistaLuisMariano
-http://www.comentariosdelibros.com/EntrevistaIker
-http://members.tripod.com/~Juper/enterrados
-http://www.javiersierra.com/
-http://www.akasico.wanadoo.es/

Conócete a ti mismo
(por Gerardo García-Trío San Martín)

Íker Jolmes, el detectiveNo, no me ha entrado el arrebato místico ni me ha dado por escribir textos de autoayuda. Solo voy a comentar lo publicado en otra página (SEIP-Siempre Exponiendo Incómodas Preguntas) porque encuentro alguna cosilla que añadir. Se trata de esa columna titulada 600.000 pelas que Íker Jiménez escribió en Enigmas Express en enero de 2001, en la que nos informa de los dinerales que se cobraban por filmar en la casa de "los caras" de Bélmez (a la derecha de estas palabras tienes un jugoso recorte, si quieres el artículo entero, cortesía de Pilar Verdú, descárgalo aquí).

      Voy al grano (en el culo para algunos, este grano) sobre lo dicho en la columnilla: ¿Cuántas veces nos han asegurado los vendedores de misterios que en Bélmez nadie cobraba un duro? ¿Cuántas veces nos lo ha asegurado el propio Íker Jiménez? Quien se haya interesado por este misterio tan cutre y típicamente ezpañó (como la matanza de Puerto Hurraco, por lo menos) habrá escuchado en mil ocasiones que las caras de Bélmez eran un fenómeno paranormal del que jamás intentaron beneficiarse los humildes pastores que lo sufrían: la familia Pereira eran unos santos inocentes, pobres, honrados y demasiado ignorantes para poder cometer un fraude (qué trillado el argumento, por cierto).

      Pues nada. Otra trola más para la colección. Muchos ya lo sabíamos: hay periódicos de la época en los que podemos ver imágenes de doña María vendiendo cromos de las caras y en la casa siempre se pidió "la voluntad"; pero en este artículo queda más claro. Y no es un arrebato de un día, por si queda alguna duda, en el editorial que Íker Jiménez escribió como reacción al escándalo de las nuevas caras falsificadas por la S.E.I.P., se reafirma: 600.000 del ala.

      Lo gracioso (porque una vez más las mentiras caen por su propio peso y los mentirosos se las tienen que tragar) es constatar la cantidad de veces que se ha argumentado, y por supuesto insultado a los escépticos, con este camelo. Íker Jiménez incluido, por supuesto. (¿Cómo era aquello en lo que nunca reparan los magufos?... Ah, sí: que verba volant, scripta manent.) Demasiado tedioso y quizás inútil ponerme a hacer una lista, buscar en cuántas páginas web, en cuántos libros se difunde esta mentira. Si tú, lector, sabes sitios donde haya quedado registrada, puedes dejar constancia en los comentarios; yo me conformaré con una búsqueda rápida sobre nuestro amigo (textos reproducidos con sus faltas de ortografía originales):

      Carmen Porter (compañera de programa, y no sé si también sentimental, de Íker Jiménez) en la lista de correo de Íker Jiménez el 29 de noviembre de 2004:

Ademas que la gente que va a Belmez si quiere se toma un refrigerio, o se lo lleva ya puesto de casa o lo compra en la gasolinera de la carretera o yo que se... y como por ver las caras tampoco te cobran ¿dónde está ese ficticio negociete?

      Íker Jiménez, en plan farruco, en la lista de correo Escépticos (sí, antes se pasaba por allí, creo que se reían...) en diversos mensajes del día 9 de noviembre de 1997:
Cita 1: Quien haya estado alli es imposible que diga que el pueblo sabe que es una mentira y que se cobra por ver las caras. Bueno, se puede decir si uno es un puto mentiroso.

Cita 2: Jamás se ha cobrado un solo duro por entrar a esa casa. Jamas. [...] Y en 26 años María Gómez Cámara jamas ha impedido flanquear la puerta y jamás a cobrado por entrar. [...] Quien vaya a la casa 5 de la calle real de Belmez y diga que le han intentado cobrar es un puñetero mentiroso. Puedo decir que desde 1993 he estado catorce veces en BVélmez. La última grabando para t-5. No conozco a nadie ( y conozca a mucha gente de allí y que no es de allí) que ha visitado la casa. Jamas a nadie le han pedido un duro por ver las caras....nio le han impedido entrar en la casa.

Cita 3: Y sigo manteniendo que quien haya puesto el pie en Bélmez..y diga que la gente del pueblo sabe que es un fraude y que se cobra por ver las caras...es que no ha estado ja'mas alli..o es que es un sinverguenza de mierda.

      Ejem... ¿puto mentiroso?, ¿sinvergüenza de mierda? Para casos como éste los niños también tienen palabras sabias, que no todo han de ser latines...: ¡el que lo dice lo es y tiene el culo al revés!

"Las caras de Bélmez son auténticas", sentenciaba Íker Jiménez en una "exclusiva mundial" en 1997
(por Luis Alfonso Gámez)

Portada de 'Enigmas' y primera página del reportaje firmado por Lorenzo Fernández e Iker Jiménez.Iker Jiménez, el mismo que ahora pide pruebas sobre la autenticidad o la falsedad de las caras de Bélmez, publicó en septiembre de 1997 en la revista 'Enigmas' (Año III, Nº 6) un reportaje que, bajo los sellos de '¡Exclusiva Mundial!' y 'Pruebas definitivas', llevaba el clarificador título de "Las caras de Bélmez son auténticas". El texto lo firmaba con Lorenzo Fernández Bueno. "Transcurrido un cuarto de siglo, demostramos con documentos oficiales y en rigurosa exclusiva la autenticidad de esas caras sobrenaturales, un misterio que aún espera una explicación en el rincón más apartado de Andalucía", escribían los periodistas en la entradilla. Y concluían el artículo, triunfales: "Hoy, en estas páginas ustedes pueden contemplar el acta notarial que ha permanecido oculta durante casi veinticinco años, la prueba definitiva de que los rostros de Bélmez de la Moraleda no son un fraude". En el editorial de la revista, Fernando Jiménez del Oso coincidía con ellos: "Puestos a dejar las cosas en su sitio, Iker J. y Lorenzo F., en una exclusiva que dará que hablar, aportan pruebas definitivas del carácter paranormald e las caras de Bélmez". Sólo siete años después, dado que a Jiménez le falla la memoria, no tenemos ningún inconveniente en recordarle esta prueba de su rigor. Eso sí, lo hacemos sin notario porque creemos que para demostrar ciertas cosas no hace falta un fedatario.

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