¿Es Ochate un pueblo maldito? Si usted vio el domingo la primera entrega de Cuarto Milenio, es posible que así lo crea, que piense que la aldea abandonada del condado de Treviño es "un gran enigma", como dijo Iker Jiménez. Veintisiete minutos de emisión televisiva alimentaron esa interpretación, sin que se escuchara una voz crítica. Hasta salió el epidemiólogo Fernando Nájera hablando de la mortalidad achacable a las diferentes enfermedades que habrían asolado Ochate en el siglo XIX. ¿Pero ocurrieron las cosas como nos las contaron en Cuatro o estamos ante un ejemplo del periodismo de investigación que practica Jiménez?
Empecemos por la leyenda negra de Ochate, cuyo canon escribió el ex empleado de banca vitoriano Prudencio Muguruza en abril de 1982 en la revista Mundo Desconocido. Muguruza había visto y fotografiado un ovni en las proximidades de la aldea el 24 de julio de 1981. Aquella brillante nube -que es lo que en realidad era- llegó a la portada de Mundo Desconocido en enero de 1982, gracias a Juan José Benítez. Muguruza vendió el negativo por medio millón de pesetas a un empresario que quería hacer pósteres, abandonó la caja de ahorros en la que trabajaba y abrió una librería dedicada a lo paranormal. Con el paso del tiempo, cerró el negocio y se transmutó en parapsicólogo. Ya en caída libre, ahora se gana la vida echando las cartas y es posible verle en la labor en canales locales de televisión. Lo que contó hace veintitrés años por primera vez es que Ochate es una aldea maldita que en 1860 sufrió el azote de la viruela; en 1864, el del tifus; y el cólera mató en 1870 a todos sus habitantes menos a tres, que huyeron del pueblo. "Pero lo extraño de estos hechos es que, salvo en estos puntos, en ningún pueblo ocurrió nada parecido a pesar de encontrarse relativamente cerca. Desde entonces, quedó deshabitado y se empezó a tejer su leyenda de aldea maldita", dice Muguruza en un artículo según el cual "ruidos, luces y apariciones alimentan la leyenda maldita de Ochate".
El enigmático Ochate, un pueblo de los malditos cuyos límites no traspasaban los microorganismos patógenos que mataban a sus vecinos, fue revitalizado por Jiménez en su libro Enigmas sin resolver (1999). Tras "investigar a fondo en las entrañas de la misteriosa alquería", el periodista dio por buena la historia de Muguruza, como hizo en Cuarto Milenio. Acompañado en el plató por el ex empleado de banca, Jiménez llevó el domingo a sus espectadores hasta Ochate, un lugar en el que recordó que se habían grabado dos psicofonías. En los supuestos mensajes desde el Más Allá, dos mujeres dicen: "¡Pandora!" y "¿Qué hace la puerta cerrada?". Aderécese todo esto con la consiguiente música, el tono pausado y creíble de voz de Muguruza -además del recuerdo constante de "el gran enigma que se ubica en el pueblo maldito, Ochate"-, y el misterio prefabricado está servido.
Hubo una intervención en el programa de Cuatro que me chocó: la de Enrique Echezarra, un estudioso de lo paranormal vitoriano. No me extrañó que alguien pareciera apoyar las tesis de Muguruza y de Jiménez, sino que fuera precisamente esta persona, la misma que en septiembre de 2002, en un reportaje publicado por Francisco Góngora en El Correo, calificó la leyenda de Ochate de "montaje". Ante la sorpresa, me puse en contacto con mi compañero, quien me facilitó el teléfono de Echazarra. Le llamé inmediatamente.
"Me han metido muchos tajos en el montaje. La imagen que dieron de Ochate en el programa de Iker Jiménez es la de hace veinte años, de la época de Muguruza", me explicó Echezarra cuando le transmití mi sospecha de que el equipo de Cuarto Milenio había manipulado sus declaraciones para que diera la impresión de que apoyaba la veracidad histórica de la leyenda. "No me ha sorprendido, por que sé de que van; aunque me dio un poco de rabia". Echezarra no se jacta de practicar ningún tipo de periodismo de investigación, pero ha dedicado años al misterio de Ochate. "La leyenda no tiene ni pies ni cabeza. Las supuestas epidemias no constan en ningún archivo ni en Burgos ni en Vitoria. La única enfermedad que se cebó con los habitantes de Ochate fue la gripe española, según nos han contado antiguos vecinos". Como la pandemia tuvo lugar en 1918, hay una cosa ya clara: en contra de lo que mantienen Muguruza y Jiménez, el pueblo no quedó vacío en 1870. "En las décadas de 1860 y 1870, en Ochate hay vida. Lo demuestran los registros de matrimonios, bautizos, defunciones... Si hubiera habido epidemias como las que dice Muguruza, existirían documentos; no habrían pasado desapercibidas". "Ochate estaba habitado a principios del siglo XX", coincide Julio Corral, impulsor de un foro de Internet de Amigos de Ochate y que también salió en Cuarto Milenio con sus testimonios montados ad hoc. La aldea sólo resultó abandonada después de la gripe española.
La razón por la que Jiménez y Muguruza no pueden enseñar ninguna prueba documental de la realidad de las epidemias no es un misterioso incendio de un archivo ni nada parecido. Es mucho más sencilla. "¡Todo es un invento de Muguruza!", sentencia Echazarra. "¡Ha habido una manipulación total y absoluta por parte de Pruden!", confirma Corral. Y esto no es un secreto, indican ambos, sino que lo sabe todo el mundo que se ha acercado al misterio de Ochate. ¿Todo el mundo, menos el autoproclamado periodista de investigación de Cuatro? Resulta difícil de creer, aunque cosas más raras se han visto y se escucharon en el estreno del magacín paranormal. Por ejemplo, cuando tanto Muguruza como Jiménez destacaron que la NASA había analizado la "fotografía del famoso ovni de Treviño". Impresionante, ¿verdad? Pues, no.
El personaje que, según nuestros protagonistas, examinó la foto del ovni y confirmó su autenticidad fue el coronel Colman S. von Kevinczky (1908-1998), un militar húngaro que emigró a Estados Unidos en 1952. En su nuevo hogar, Von Kevinczky se interesó por la ufología. Se obsesionó con la idea de que las potencias terrestres debían unirse para hacer frente a la amenaza de una inminente invasión alienígena y fundó la Red Internacional de Análisis y Búsqueda de Naves Galácticas Ovni (ICUFON). Sus excentricidades hicieron que no se le tomara en serio ni dentro de la comunidad ufológica y su vinculación con la NASA es equiparable a la de Prudencio Muguruza. Entonces, ¿por qué Jiménez les vende lo contrario a sus espectadores?
Ni la agencia espacial estadounidense estudió la foto del ovni de Aguillo ni Ochate oculta misterios paranormales. Es posible que la gente crea ver y oír cosas raras en el pueblo; pero quién no lo haría con la leyenda que rodea a las ruinas. "Hay gente que oye en el torreón una respiración. Se trata de una lechuza. Yo sé que es una lechuza", dice Corral. Y el misterioso rostro que se intuye en una pared tiene tanto de enigmático como las caras en las nubes o en los emparedados. Es una simple trastada de nuestro cerebro, conocida como pareidolia. Otra cosa es que haya quien se aproveche de la credulidad y explote una leyenda inexistente para hacer negocio, como ocurrió el domingo en Cuatro, donde a las tergiversaciones sobre Ochate se sumaron las destinadas a hacer creer al espectador de que los alunizajes fueron un montaje y la idea de que la Mesa del rey Salomón está escondida en Toledo.
Iker Jiménez ha dicho que quienes hacen Cuarto Milenio son "un equipo de periodistas que ni cree ni deja de creer". No está mal como tarjeta de visita, pero es sólo un disfraz, como hemos demostrado en el caso de Ochate y cualquiera puede comprobar en el de los alunizajes. Piensen que, si les han engañado en una ocasión sobre un tema que no conocen, pueden estar haciéndolo siempre.
El 13 de noviembre de 2005 se emitió en la cadena Cuatro el primer programa de 'Cuarto Milenio', un espacio dedicado a presuntos fenómenos paranormales y misterios "sin resolver". Quienes conocemos la trayectoria de su director y presentador, Íker Jiménez, estábamos seguros de que la promesa de rigor y seriedad que hizo en la presentación de Cuatro iba a desvanecerse con la primera emisión. Jiménez es uno de los mayores impulsores de las tonterías pseudocientíficas y esotéricas que circulan por nuestro país, y está involucrado en varios fraudes sobre los que todavía no ha ofrecido una explicación convincente. Como ejemplo, puede leerse un amplio dossier sobre Jiménez publicado por el Círculo Escéptico.
Jiménez pretendió en este primer programa reescribir la historia de la astronáutica él solito, o mejor dicho, junto a Santiago Camacho, autor de libros sobre conspiraciones de quien ya hemos hablado aquí, por haber tomado de Internet las declaraciones inventadas de una astrónoma y haberlas publicado en un libro suyo como si de un testimonio comprobado se tratase. Ése es, al parecer, su serio método de investigación. (Este asunto ha sido recogido también por Luis Alfonso Gámez, periodista científico del diario 'El Correo', en su bitácora 'Magonia, una ventana crítica al mundo del misterio')
Resulta curioso observar cómo aquellos que intentan convencernos de la existencia de fenómenos extraordinarios nunca probados, quieren en cambio hacernos desconfiar de algo tan probado como los primeros viajes tripulados a la Luna. Pero veamos primero lo que dijeron en el programa.
Para empezar, y como muestra de las poco éticas maneras que son habituales en Jiménez, informaron de manera sesgada sobre el incidente entre el astronauta Aldrin y Bart Sibrel, uno de los impulsores de la teoría del montaje, que recibió un puñetazo de Aldrin en respuesta al asedio y a los insultos que hizo al astronauta. Lo cuenta Mauricio-José Schwarz en su bitácora 'El retorno de los charlatanes', por lo que no me detendré a escribir lo mismo:
Pero la forma más clara de la mentira, (...) nos la ha hecho notar Gerardo García-Trío, autor del blog Bajo el volcán.
Con su tono de conspiración misteriosona (...), el locutor nos informa que un "periodista" se acercó amablemente a Buzz Aldrin, el segundo hombre en la Luna, viajero de la Apolo XI, y le pidió que jurara por su madre que había estado en la Luna, afirmación a la que el astronauta respondió como un energúmeno abusón con un gancho de izquierda a la mandíbula (...).
El locutor del programa y su director, es decir, Íker Jiménez, mienten, como ya es tradición.
Como nos lo recordaba Gerardo, en el sitio de CSICOP se recoge la noticia de que el 2 de septiembre de 2002, (...) un creyente en la conspiración lunar, Bart Sibrel, que curiosamente se gana la vida vendiendo vídeos y conferencias sobre el tema, se le acercó con malas pulgas a Aldrin exigiéndole que jurara sobre la Biblia que había ido a la Luna. Como Aldrin (72 años, 73 kilos de peso, 1,77 de estatura) le pidió varias veces que lo dejara en paz, Sibrel (37 años, 113 kilos de peso, 1,87 de estatura) le dijo entonces valerosamente: "You're a coward, and a liar, and a..." ("Eres un cobarde, un mentiroso y un..."), y el resto de sus históricas palabras se perdió cuando el astronauta le atizó un moquete (cosa de todos modos reprobable, aunque uno pudiera simpatizar con un hombre que se ha jugado la vida para conseguir una hazaña singular y luego se haya pasado 33 años escuchando estupideces y aguantando el acoso de personajes tan creíbles y serios como Sibrel, Jiménez o Maussán).
Usted puede ver el vídeo en la misma página, subir el volumen, escuchar lo que dice Sibrel y compararlo con lo que Íker dice que dijo.
En realidad, como lo cuenta Phil Plait, Sibrel ya era famoso por acechar a los astronautas de las misiones Apolo y enseñarles una Biblia exigiendo que juraran sobre ella que fueron a la Luna. De hecho, Edgar Mitchell, astronauta de la Apolo XIV, no tuvo problemas en jurar sobre la Biblia de Sibrel que sí había ido a la Luna, cosa que no mencionan ni Sibrel, ni Jiménez ni el resto de su cuadrilla.
También presenta Jiménez una supuesta grabación de audio del Apollo 11 en la que los astronautas, en una hilarante conversación, parecen estar siendo vigilados por extraterrestres. La grabación es falsa, y es muy fácil demostrarlo. Hablaremos más de ella al final de este artículo. Pero antes vamos con los argumentos de la teoría del montaje.
Camacho muestra la primera imagen, y afirma que "el módulo lunar se encontraba un poquito más allá" del lugar desde el que se tomó la fotografía. "Sin embargo -dice- se observa claramente que las sombras de las rocas lunares y la del módulo tienen direcciones muy diferentes". Apunta que algunos analistas, a los que llama "apoloescépticos", consideran esto como una prueba de que todo fue "iluminado con un foco artificial situado a tan sólo 10 metros":
La fotografía pertenece a la misión Apollo 14, aunque esto no es mencionado en el programa. ¿"Un poquito más allá", señor Camacho? A juzgar por el tamaño aparente del módulo y del astronauta, se encuentran a más de 50 metros de distancia. No es algo sin importancia. El hecho de que el módulo se encuentre alejado hace difícil decir hacia dónde apunta su sombra exactamente, dado que cuanto más lejos esté, la sombra aparecerá más horizontal en la fotografía. ¿Suena difícil de entender? Si observa esta serie de imágenes se dará cuenta rápidamente. Pero el factor fundamental que influye en la dirección de las sombras es el relieve del suelo, como podemos observar en las siguientes fotografías. Le invito a hacer la prueba: salga con su cámara a un parque cercano e intente obtener imágenes como éstas. Verá lo fácil que es.
Imágenes: cortesía de Jay Windley (arriba) y Sean Kirby (abajo).
Mención aparte merece el término "apoloescépticos" para referirse a los teóricos de la conspiración. Podríamos también llamar a los creacionistas "escépticos de la evolución", pero no es un término muy adecuado, porque su postura parte del fundamentalismo religioso, no de una verdadera objeción científica. Algo parecido sucede en el caso de la Luna: los argumentos de la teoría de la conspiración no resisten el más mínimo análisis crítico.
La segunda imagen presentada en el programa muestra la parte del módulo lunar no iluminada directamente por el Sol, que se ve claramente en el cielo. Camacho afirma que "se ven detalles del módulo que deberían estar oscuros y que incluso el ingeniero que diseñó las cámaras Hasselblad que se llevaron a la Luna ha dicho que no tiene explicación para esta imagen, a menos que se haya utilizado iluminación artificial". "Uno podría suponer -continúa Camacho- que la propia superficie de la Luna, que es blanca (sic), pudo haber reflejado la luz; sin embargo es especialmente notable que abajo del todo de la pata, donde está en absoluta sombra, sin que nada de esa superficie blanca iluminada le pueda reflejar, también hay un brillo de iluminación que solamente puede provenir de algo que esté a más altura, es decir, de ese hipotético flash".
Jan Lundberg (cuyo nombre no es citado en el programa) fue el supervisor de la modificación de las cámaras "Hasselblad 500/EL Data Camera" que la NASA encargó a la compañía Hasselblad para su uso en la Luna. Eso no lo convierte en un experto al que haya que creer como autoridad en temas fotográficos. De hecho, Lundberg es ingeniero mecánico. La táctica de los teóricos de la conspiración consiste en aferrarse al testimonio solitario de un presunto experto que favorece sus hipótesis e ignorar al resto.
Es fácil darse cuenta de que la superficie lunar reflejaba parte de la luz del Sol e iluminaba débilmente la zona ensombrecida del módulo. El material dorado con que está cubierta la parte inferior del módulo lunar se llama Mylar y, como se puede comprobar, es muy reflectante. De hecho, su propósito era minimizar la cantidad de luz absorbida por el módulo, que se hubiera traducido en un aumento de su temperatura.
La parte más inferior de las patas en la que se refleja algo de luz se encuentra a varios centímetros por encima del suelo, por lo que puede perfectamente recibir luz del suelo iluminado de los alrededores. Por cierto, la Luna no es blanca, sino más bien gris.
Camacho continúa con su retahíla de patrañas. Cito literalmente: "Fíjate en esta imagen. La tobera inmensa del motor-cohete, 5000 kilos de empuje que eran capaces de levantar y mantener en el aire esta mole metálica, y que lanzaban gases incandescentes a gran presión. Sin embargo, ese chorro de gases fue incapaz de mover la más mínima de las pequeñas piedrecitas de un suelo que tiene una consistencia similar al polvo de talco. Tanto es así que vemos, en las imágenes de las patas del módulo lunar, que están perfectamente limpias. Es más, esto [refiriéndose a la pata y viendo otra fotografía], que debe pesar unas cuantas toneladas, no sólo no se hunde, sino que parece no tener ningún peso ni consistencia. Como si fuera -y ahí lo dejo- hecho de cartón-piedra. Como si fuera de decorado". Jiménez asiente con la cabeza.
¿Tobera inmensa? ¿5000 kilos de empuje? ¿Chorro de gases incandescentes a gran presión? Camacho no se caracteriza, por lo visto, por tener un conocimiento muy exhaustivo de cómo trabajaba el motor del módulo lunar.
El peso total del módulo lunar en la Tierra, listo para el despegue, variaba entre 15 y 18 toneladas (dependía de la carga de cada misión). Pero la gravedad en la superficie lunar es aproximadamente seis veces menor que en la Tierra, y gran parte de la carga del módulo era combustible que se utilizaba durante el descenso a la Luna (en concreto, unas 8 toneladas). Es decir, poco antes del alunizaje, el peso del módulo en la Tierra sería de unos 7.000 kilogramos. La Luna ejerce una sexta parte de esa fuerza. Por tanto, cuando el módulo alcanzaba la superficie, su peso era de unos 1.200 kilogramos. El motor sólo tenía que contrarrestar esa fuerza. 5000 kilogramos era su empuje máximo, pero se encontraba funcionando a menos del 25% de su potencia máxima cuando se acercaba a la superficie. La argumentación de Camacho, además de ignorante y errónea, es pura manipulación: "el inmenso y poderoso motor frente a las pequeñas piedrecitas". Pobres piedrecitas...
Si dividimos el peso del módulo en la Luna entre la superficie de sus patas, obtenemos la presión que ejercían éstas sobre el suelo lunar. Y, como podrá imaginar el lector, no es una presión muy elevada. Por ello, sólo se hundía unos centímetros en la superficie lunar.
Los gases emitidos por la tobera perdían presión y temperatura muy rápidamente tras su salida, debido a la rápida expansión que sufrían en el vacío del espacio. Pero evidentemente, el motor del módulo sí afectaba a la superficie al alunizar. Muchas fotografías muestran una ligera alteración del suelo lunar por debajo y cerca del módulo. Vea, por ejemplo, as12-47-6987, as14-66-9258 o as11-40-5921 (del Apollo Lunar Surface Journal) que muestran un cierto cambio de color debajo de la tobera del motor.
Los gases también barrían parte del polvo lunar de la superficie, pero no de forma masiva. Como se puede comprobar en los vídeos grabados automáticamente desde la ventanilla del módulo durante los alunizajes, la ausencia de atmósfera en la Luna permitía a las finas partículas eyectadas seguir una trayectoria parabólica durante unos segundos hasta caer unos metros más allá. No se formaba una turbulencia significativa, es decir, las partículas no regresaban hacia atrás, como ocurriría en un ambiente con atmósfera. Razón por la cual las patas del módulo no presentan suciedad.
"Y hablando de decorados -sigue Camacho-, si analizásemos en detalle esta otra imagen encontraríamos muchas cosas, pero nos vamos a centrar sólo en una de ellas. En esta piedra que hay en la esquina, que tiene algo que parece una C. La NASA dijo que era un pelo, que se les había colado al escanear la diapositiva. Lo realmente sospechoso es que se ha retocado la imagen, y la versión que actualmente podemos encontrar si vamos a la página web de la NASA no muestra nada en la roca".
La imagen pertenece al segundo paseo lunar del Apollo 16, en la región montañosa llamada Descartes. Pero nada de eso es mencionado en el programa. Cualquier persona que se haya tomado la molestia de consultar la extensa colección de vídeos grabados en la Luna, admitirá lo ridículo que es afirmar que se usaron decorados. Los astronautas del Apollo 16, por ejemplo, recorrieron gracias al coche lunar más de 25 kilómetros alrededor del área de alunizaje. El Apollo 17, anduvo unos 35 kilómetros en el espectacular valle de Taurus-Littrow.
Camacho pretende hacernos creer que en el supuesto montaje se utilizaron rocas de cartón-piedra como en un escenario teatral, ignorando la inmensa cantidad de rocas distintas que aparecen en las miles de fotografías de los paseos lunares. Como curiosidad, tan sólo las rocas traídas de vuelta por los astronautas están catalogadas con entre cinco y siete dígitos.
La imagen que contiene la "C" pertenece probablemente a la 3ª o a la 4ª generación desde la imagen original (la primera generación, es decir, los negativos originales, fueron copiados una vez después del revelado y están almacenados cuidadosamente desde entonces, mientras que la 2ª y la 3ª generación de negativos se usaron para las reproducciones siguientes). Como se puede observar en la ampliación de la imagen realizada por el Instituto Lunar y Planetario (LPI), la "C" es en realidad un pelo. Una segunda traza que parece ser la sombra de la parte superior del mismo es claramente visible. El pelo (o fibra) fue probablemente introducido de forma accidental durante la copia de uno de los negativos, y la imagen que incluía el pelo o fibra en forma de C fue seguramente propagada a diferentes publicaciones. Como es lógico, no es la única fotografía en la que aparecen pelos o fibras introducidos accidentalmente. Una copia de la imagen as11-40-5961 tiene... ¡hasta cuatro pelos!.
Por otra parte, afirmar, como hace Camacho, que la imagen que contiene la "C" es la original, y el resto son modificaciones, es un disparate. La "C" no aparece en ninguno de los originales de la fotografía; ni tampoco en ninguna de las copias de la fotografía anterior, as16-107-17445, tomada con unos segundos de diferencia, y que muestra la misma roca.
El resto de "cosas" a las que se refiere Camacho sobre la fotografía de la roca están tratadas al final de esta sección.
Y, para el final, el argumento más desternillante. Camacho muestra la siguiente fotografía y, ni corto ni perezoso, dice: "Esta bandera claramente se mueve. El problema es que en la Luna no hay aire, no hay atmósfera, no hay viento de ningún tipo".
La verdad, resulta sorprendente que a estas alturas se siga usando este argumento como si nada se hubiera dicho al respecto. Para empezar, en el momento de tomar esta fotografía la bandera se encontraba perfectamente quieta. No es difícil observar que estaba sujeta a un mástil horizontal superior, para que permaneciese estirada. Y los astronautas la arrugaron adrede al colocarla, como se puede ver en la grabación del paseo lunar del Apollo 11. Esto explica el movimiento aparente de la bandera en las fotografías.
El movimiento de la bandera que se puede observar en algunos vídeos de los paseos lunares se debe a que los astronautas giraban el mástil de un lado hacia otro para intentar clavarla un poco más hondo, o simplemente para observar cómo se comportaba en la baja gravedad lunar. Esto hacía moverse ligeramente de un lado hacia otro a la bandera, incluso unos segundos después de que los astronautas hubieran dejado de moverla. Pero evidentemente no hay ningún vídeo en el que la bandera ondee sola.
Como ejemplo, puede observar cómo los astronautas del Apollo 17 instalaban la bandera estadounidense en el vídeo a17v.1182126 (1'5 MB). En la página del ALSJ encontrará los vídeos del resto de misiones.
Para terminar con esta parte, sentencia Jiménez: "Ahí están las pruebas, ahí están los datos, y la opinión tiene que ser la suya". Sin comentarios. ¿Es posible un mayor grado de manipulación?
Intentando simular algo de neutralidad, Jiménez afirma contar con "opiniones de expertos de la NASA para quienes no todo esto está tan claro. Por ejemplo, tenemos el testimonio importante de Don Luis Ruiz de Gopegui, quien dirigía la estación espacial de Fresnedillas que fue tan importante durante el vuelo del Apollo 11". En comparación con los ocho minutos largos en los que Camacho ha podido explicar sin oposición su tesis, ¿adivinan cuánto tiempo duró en pantalla el testimonio "importante" de Gopegui? ¡32 segundos! A los que hay que restar unos cuantos debido a la pausada forma de hablar de Gopegui. El objetivo de Jiménez está claro: hacer parecer a Gopegui el portavoz soberbio de la "postura oficial", que lo niega todo sin entrar en detalles. Jiménez y su equipo son unos maestros en este tipo de manipulaciones. Ya contaba hace unos días en su bitácora Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona y conocido divulgador y escéptico, cómo Gopegui había sido engañado para conceder la entrevista.
El segundo testimonio es el del "especialista Allan Davis, técnico, ingeniero de la NASA en la estación de seguimiento de la isla de Antigua". En lo que, nos aseguran, son declaraciones a una cadena local en Granada (suponemos que la ciudad de las Antillas), Davis afirma que "la NASA sabe con mucha fiabilidad que existe vida fuera de nuestro Sistema, otras razas que vienen a la Tierra de vez en cuando para realizar una visita de cortesía. Este pueblo visitante existe hoy, como ha existido hace mil o dos mil años". Y, refiriéndose a las misiones Apollo, dice: "Y de pronto, yo escuchando (sic) una conversación muy curiosa, yo sentí que alguien más estaba mirando todas las actividades de los astronautas."
La declaración del tal Davis es una clara alusión a una grabación de audio atribuida al paseo lunar del Apollo 11, que circula desde hace años en Internet, y que emitió Jiménez en su programa. Como ya expliqué en mi artículo ¿Extraterrestres en la Luna?, es muy fácil demostrar que la grabación es una falsificación, y bastante mala, por cierto. Para empezar, el diálogo es de risa, la voz ni siquiera se parece a la de Armstrong y Aldrin, y la grabación real del paseo lunar del Apollo 11 está disponible de forma íntegra para quien quiera verla.
Pero lo más importante es que el pitido que se oye (llamado Quindar) debería acotar sólo los comentarios del Capcom (la persona que hablaba con los astronautas desde Houston). Sin embargo, en la 'grabación ovni' se utiliza arbitrariamente al menos en una ocasión. Además, en las misiones genuinas la frecuencia del tono de entrada difería del tono de salida en 50 Hercios (el de entrada era ligeramente más agudo) y duraba exactamente 250 milisegundos, mientras que en esta grabación no hay diferencia entre ellos (se usa el mismo tono de entrada y de salida) y dura aproximadamente 280 milisegundos, excepto el primero, que dura unos 235 ms. Parece complicado, pero es fácil comprobarlo con un programa editor de audio, como GoldWave, por ejemplo.
Un tiempo después de analizar la grabación, tuve conocimiento de que el escéptico Kentaro Mori había investigado y descubierto su procedencia, a raíz de su emisión en la televisión brasileña. Como explica en su artículo, 'Houston, tenemos un fraude', el audio proviene de un pseudo-documental de los años setenta, llamado "Alternativa 3", destinado a ser emitido el Día de los inocentes.
Pero los autoproclamados "investigadores de lo paranormal" tienen por costumbre investigar poco o nada (porque de lo contrario acabarían con los "misterios sin resolver", que son su fuente de ingresos), y no se han molestado en analizar la grabación y compararla con las genuinas, ni en preguntar a aficionados a las misiones Apollo. Se contentan con emitirla una y otra vez en sus programas esotéricos, confiando en que su por lo general poco informada audiencia y sus fanáticos seguidores no se den cuenta de estas minucias que estropean el emocionante misterio.
Conociendo los antecedentes de algunos entusiastas de los ovnis, como Otto Binder o Maurice Chatelain, que no tuvieron reparos en hacerse pasar por ex-empleados de la NASA para difundir ésta y otras falsas historias sobre los viajes Apollo, no me extrañaría nada que Allan Davis (si ése es su verdadero nombre) nunca haya pertenecido a la NASA. No descarto que trabajase para un subcontratista de la agencia espacial en la isla de Antigua, pero no he encontrado pruebas de ello.
De todas formas, la estación de seguimiento de Antigua era secundaria. Se utilizaba durante la breve estancia de la nave en órbita baja terrestre, sólo unas horas tras el lanzamiento. Una vez que la nave Apollo se alejaba de la Tierra en su camino a la Luna, no era necesario mantener las comunicaciones mediante estas estaciones de seguimiento, diseminadas por la zona ecuatorial del globo, ya que se usaba para ello las tres grandes antenas situadas en California, Madrid y Australia, que se iban turnando cada 8 horas debido a la rotación de la Tierra. Las estaciones de seguimiento como la de Antigua (o la de Canarias) servían entonces como mero apoyo a las antenas principales, y eran perfectamente prescindibles.
Por último, Jiménez anuncia lo que parece ser todo un bombazo: "unas declaraciones impactantes de Aldrin, que después de 36 años ha admitido que un ovni acompañó a la nave en su viaje al satélite natural de la Tierra, del que hicieron fotografías. En un principio creyeron que era el propulsor de la nave, que se había desprendido, pero luego se comprobó que se trataba de un ovni". Por supuesto, no mostraron ninguna prueba. Pero da igual, porque después de la emisión de la falsa 'grabación ovni' la audiencia ya está predispuesta a creer cualquier cosa que se diga en el programa.
En primer lugar, Aldrin no dijo textualmente eso. La expresión "un ovni acompañó a la nave" suena muy efectista, pero la realidad es bien diferente. El hecho al que se refieren ya era conocido, y no es nada espectacular. Escribí sobre ello a James Oberg, ingeniero y experto en temas espaciales, toda una referencia en el análisis juicioso y racional de los ovnis. Me contestó lo siguiente:
La tripulación describió varios objetos que vieron acompañándoles durante el vuelo a la Luna. Todos viajaban en la misma dirección que la nave, a la misma velocidad y no hicieron ningún cambio de rumbo durante todo el tiempo en el que fueron observados. Algunos de ellos destellaban de vez en cuando, de la misma forma en que lo hacen los objetos que se encuentran girando a la deriva en el espacio, iluminados por la luz del Sol. La suposición obvia, que nada ha contradicho, es que eran objetos provenientes de la nave o del cohete lanzador. (...) Algunos hicieron conjeturas acerca de lo lejos que estaría de la nave cualquier objeto antes perteneciente al cohete, pero estas conjeturas dependían de estimaciones muy inciertas sobre la velocidad a la que se habían separado, al final del lanzamiento.
Cualquier nueva fascinación por avistamientos que concuerdan completamente con lo que ocurre de forma ordinaria en los vuelos espaciales, me parece bastante tonta y desesperada.
No puedo estar más de acuerdo con Oberg (y con su reflexión final). Diversas partes del cohete seguían después de su separación una órbita casi idéntica a la de la nave, siendo divisadas a veces por los astronautas, que obviamente no podían saber qué era exactamente lo que estaban viendo. La etapa S-IVB, por ejemplo, que les proporcionaba el impulso necesario para llegar a la Luna, acababa en casi todas las misiones impactando contra la superficie lunar (siendo detectada por los sismómetros instalados allí por varias misiones, lo que servía para conocer mejor el comportamiento del interior de la Luna).
Para acabar, me gustaría citar las palabras de Martin Gardner, escéptico y autor de numerosos libros divulgativos sobre las matemáticas, con motivo de una reunión en la que protestaron por los documentales pseudocientíficos de una cadena estadounidense (publicado en 'La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso'. Alianza Editorial, 1988. Pág. 13):
« Un directivo gritaba enfadado: "¡Tengo que producir algo que obtenga elevadas tasas de audiencia!". Y yo me dije: esto debería quedar grabado sobre su lápida. Desde luego no era eso lo que quería decir. Un documental sobre los adulterios del presidente John Kennedy, por ejemplo, alcanzaría una fantástica audiencia. Todo lo que se dijera sería verdad, e incluso se podía argumentar que aquello no era sino un servicio al votante americano, que se encuentra perpetuamente engañado por las cuidadosamente urdidas imágenes de los líderes políticos. ¿Por qué no produce esa película la NBC? Pues porque sería de mal gusto; porque a la larga podría dañar la imagen pública de la propia NBC. El hecho triste era que ni un solo directivo de la NBC de los que se hallaban allí reunidos sabía lo suficiente sobre ciencia como para darse la más mínima cuenta de hasta qué punto eran de mal gusto sus estúpidos programas sobre lo paranormal. »
Telepatrañas
(por Mauricio-José Schwarz)
Escribo esto unas pocas horas antes de que Íker Jiménez, misteriólogo mediático y atrabiliario inquisidor fallido de la ciencia en general, inicie su programa "Cuarto milenio" en la nueva televisora privada española "Cuatro".
Ciertamente, quienes nos ocupamos de divulgar el conocimiento científico y el pensamiento crítico y ordenado que subyace al método de la ciencia, estamos muy atentos al programa.
¿Hay oposición a Íker Jiménez porque es más rico (sin duda alguna) que la mayoría de nosotros, o será que se encuentra cuestionable la forma en que manipula la información para tener más público (sin importarle engañarlo) y así obtener ingresos elevados de forma poco ética?
¿Por qué parece haber una obsesión en la figura del regordete mercachifle de enigmas de saldo? ¿Es simple mala voluntad o, como algunos de sus cófrades han afirmado con la desvergüenza que les caracteriza, nuestras críticas nos generan jugosos cheques de la CIA, el FBI, el CESID, el MI5, Kaos, la KGB (bueno, ésa ya no existe)? ¿O se debe a que es preocupante la presencia cada vez más extendida de las falsedades que disemina sin pudor alguno este personaje, primero en revistas charlatanescas, luego en radio, después perpetrando libros y cobrando por hacer "colecciones" de misteriología, luego como colaborador de la televisión mañanera "para mujeres" y ahora como titular de su propio espacio televisual?
¿Será que, como lo documenta ampliamente el dossier que al respecto ha recopilado el Círculo Escéptico y enviado a la televisora, Íker Jiménez se ha destacado por mentir, ocultar información, amenazar a sus críticos, censurar a quienes opinan distinto de él e incluso ser parte de manipulaciones poco claras como en el caso de la fotografía de la que depende todo su último libro y donde se le abrieron varias vías de agua cuando se hizo pública la foto original en la que las fantasmas que comercializaba Jiménez estaban llamativamente ausentes? En resumen, ¿es posible que los críticos se sientan ofendidos ante tanta desvergüenza en lugar de ser parte de una conspiración enorme contra los héroes míticos, sabios y maravillosos que algunos vividores del cuento imaginan ser?
¿O quizá la crítica se debe a que Íker Jiménez se ha empeñado en decirle a su numeroso público que la ciencia, gracias a la cual funcionan la radio, la televisión y las imprentas de las que obtiene sus ingresos, la ciencia cuya medicina lo ha atendido, la ciencia gracias a la que tiene aviones para ir a dar conferencias cobradas, la ciencia detrás de la luz eléctrica, la telefonía móvil, las vacunas que han erradicado enfermedades milenarias, las neveras, los ordenadores, Internet y todo cuanto nos rodea es, ni más ni menos, una forma de "fascismo", es "dogmática" y es "negativista"?
(Amerita paréntesis: hay dos casos históricamente relevantes que ilustran lo que ocurre cuando se le adjudica al conocimiento una filiación ideológica. El primero es el de Trofim Denisovich Lysenko, quien convenció a Stalin de que la genética científica era "ciencia burguesa", lo que no sólo retrasó el conocimiento en la antigua URSS, sino que dejó tullida a su agricultura y costó varios millones de muertos ya que las propuestas "ideológicamente correctas" de Lysenko no servían para aumentar la productividad agrícola. El segundo, claro, es el del racismo eugénico del nazismo alemán, que sobre bases científicamente inadmisibles [pero políticamente convenientes para los gobernantes] ocasionó el genocidio de judíos, gitanos, eslavos y hasta comunistas [había "demostraciones" tipo Íker Jiménez de que "ser comunista" era un defecto genético hereditario, lo que justificaba matar a los hijos de los comunistas tanto en la Europa nazi como en la España bajo Franco durante la Guerra Civil]. La ciencia no es "fascista" ni "comunista", es real (se puede demostrar y funciona) o no. Punto.)
¿Se critica a Íker Jiménez por tener mucho público o porque dice mendazmente que es "escéptico" y repite que "cada quien se debe formar su propia opinión" cuando su principal ocupación es denostar a quienes dudan de él (a los "escépticos" reales) e impedir por todo concepto que "su público" se vea expuesto a opiniones, datos, argumentos, información y visiones que cuestionen lo que él promueve en sus programas, en los que el conocimiento es malo, un simple periodista es una especie de superinvestigador mezcla de Indiana Jones y Mortadelo, y donde absolutamente toda afirmación extravagante se certifica como "misterio genuino" y se comercializa alegremente sin dejar espacio a la duda y al cuestionamiento?
El programa de misteriología rentable que se iniciará esta noche de domingo no puede ni debe estar exento de la crítica que se hace a otros productos televisuales, e independientemente de su rating o de la cantidad de euros que genere en publicidad. En este caso cuando estamos ante alguien que ha construido su "prestigio", su Premio Ondas y sus buenas ganancias en la negación tajante de cualquier valor que puedan tener la enseñanza, la ciencia, el pensamiento cuestionador, la capacidad crítica, las preguntas incómodas y las posiciones independientes, es normal que reciba atención de quienes se oponen a su perversión del periodismo, a las mentiras que difunde y al tonito amenazante con el que se dirige ante quienes tratan de dar información que a él no le conviene.
Pero que no se diga, por favor, que alguien quiere que al pobrecito de Íker le quiten su juguete nuevo, que será de lo que ya estará quejándose el próximo fin de semana en la Cadena Ser donde hace su negocio radiofónico.
Por el contrario, lo que se le puede (y debe) pedir a la televisión española es que por cada astróloga, por cada misteriólogo, por cada TNT y cada Cuarto Milenio ofrezca, atendiendo a lo previsto por las leyes que regulan a los medios de comunicación, un espacio similar (en tiempo, en promoción, en costos de producción, en publicidad) para que el público pueda ver la otra cara de la moneda, los datos, los argumentos, el cuestionamiento libre, crítico y abierto de las afirmaciones descabelladas de los ocultistas neomilenarios.
En pocas palabras, que el público que le da de comer a los medios pueda realmente disponer de suficiente información como para formarse su propia opinión y no la prevista por los mercaderes de la falsedad.
Pues menuda decepción nos obsequió Íker Jiménez en su megasuperlanzamiento ultraestelar en el nuevo canal Cuatro.
Uno hubiera esperado que, dada la potencia económica del grupo dueño del canal, dado el interés que tiene el canal por competir efectivamente en un panorama muy inclinado hacia Tele Cinco y dado que Íker desea más que nada apoderarse de más medios, cobrar más e impedir que sus críticos tengan tribuna, el "Cuarto Milenio" jimenezero sería al menos superior al espacio de Javier Sierra en Telemadrid.
Pero resulta que no.
El programa de Jiménez constó de tres recortajes. Digo recortajes y no reportajes porque lo que hizo fue recortar historias antiguas y manidísimas (y desprestigiadísimas, como la del "apoloescepticismo"), coserlas con ánimo de modistilla malpagada y recetárselas al público.
Parecería que, después de todo, Íker sabe que los verdaderos creyentes que lo consideran un gran "investigador" y un magnífico "periodista", además de aceptar cualquier ocurrencia de los misteriólogos, son muy afectos a escuchar lo mismo repetido de varias formas, como si la repetición los hiciera más "reales". Luego, otro sector del público no tiene idea de los temas que explota Íker y todo esto le sonará sumamente nuevo. Otra paret del público le es inalcanzable porque no hace caso de tonterías pero tampoco ve qué tan graves son estas tonterías en particular. Y sabe también (para ello se han empeñado los ocultistas negociantes durante años) que serán muy pocos quienes entre el público dispongan de los datos necesarios para darse cuenta de las faltas a la verdad con las que los televidentes fueron aporreados durante 75 minutos, con aviesas sugerencias sensacionalistas sobre el manido caso de Ochate, la idea de que el hombre no llegó a la Luna y el cuento de que la "mesa de Salomón" está enterrada en Toledo.
Lo que me parece más dsetacable es cómo se utiliza a un científico de verdad y que no cree en los delirios conspiranoicos de los ocultistas para darle un barniz de credibilidad al reportaje sobre quienes venden la idea de que el hombre nunca fue a la Luna.
Son multitud los sitios que pacientemente se ocupan de responder a todas y cada una de las extravagantes ideas y observaciones a las que acuden quienes aseguran que los viaje a la Luna fueron en realidad montajes con efectos especiales al estilo de J.J. Benítez, entre ellos El hombre sí pisó la Luna, Of course we went to the moon, Fox TV and the Apollo Moon Hoax o Who mourns for the Moon, entre otros muchos.
Ojo: todos y cada uno de los argumentos que en el programa de Jiménez presentó un tipo con aspecto de cantante pop de los 80 están respondidos y rebatidos ampliamente. Todos. Y uno supondría que un "incansable buscador de la verdad" se ocuparía de demostrar que los contraargumentos y pruebas y razonamientos de los sitios arriba citados y otros muchos son incorrectos o inaceptables basándose en otros datos y argumentos y razones.
Pero como en el mundo del misterio no se trata de avanzar sino de cobrar, los enigmatólogos no se ocupan de mencionar siquiera que existen datos que contradicen su rollo. De nuevo, saben que la mayoría del público no conocerá esos datos y entonces se limitan a repetir los mismos viejos argumentos y a cobrar.
Ésa es una forma de mentira.
Otra forma de mentira es entrevistar al encargado de la NASA en España y dejarlo decir que los viajes eran públicos y que la teoría conspiranoica del fraude de los Apolo es una tontería insostenible. Nos quedamos sin saber si el científico español dio algún argumento contra las afirmaciones del invitado estrella de Íker y resultará que sus palabras fueron convenientemente editadas (como siempre, "por cuestiones de espacio" y no de mala leche). Es decir, a uno le permiten decir todas las tonterías y a otro se le deja decir que son tonterías, pero no demostrarlo, que tanta libertad tampoco es buena.
Pero la forma más clara de la mentira, la más gorda, la más desvergonzada y la más manipuladora, nos la ha hecho notar Gerardo García Trío, autor del blog Bajo el volcán.
Con su tono de conspiración misteriosona (un poco boba si se adopta ante un público de más de cinco personas), el locutor nos informa que un "periodista" se acercó amablemente a Buzz Aldrin, el segundo hombre en la Luna, viajero de la Apolo XI, y le pidió que jurara por su madre que había estado en la Luna, afirmación a la que el astronauta respondió como un energúmeno abusón con un gancho de izquierda a la mandíbula que nos recordó las prodigiosas hazañas de "Mantequilla" Nápoles en el boxeo de los 60.
El locutor del programa y su director, es decir, Íker Jiménez, mienten, como ya es tradición.
Como nos lo recordaba Gerardo, en el sitio de CSICOP se recoge la noticia de que el 2 de septiembre de 2002, un coequipero de Íker Jiménez, un creyente en la conspiración lunar, Bart Sibrel (o Bart Winfield Sibrel), que curiosamente se gana la vida vendiendo vídeos y conferencias sobre el tema, se le acercó con malas pulgas a Aldrin exigiéndole que jurara sobre la Biblia que había ido a la Luna. Como Aldrin (72 años, 73 kilos de peso, 1,77 de estatura) le pidió varias veces que lo dejara en paz, Sibrel (37 años, 113 kilos de peso, 1,87 de estatura) le dijo entonces valerosamente: "You're a coward, and a liar, and a..." ("Eres un cobarde, un mentiroso y un..."), y el resto de sus históricas palabras se perdió cuando el astronauta le atizó un moquete (cosa de todos modos reprobable, aunque uno pudiera simpatizar con un hombre que se ha jugado la vida para conseguir una hazaña singular y luego se haya pasado 33 años escuchando estupideces y aguantando el acoso de personajes tan creíbles y serios como Sibrel, Jiménez o Maussán).
Usted puede ver el vídeo en la misma página, subir el volumen, escuchar lo que dice Sibrel y compararlo con lo que Íker dice que dijo.
En realidad, como lo cuenta Phil Plait, Sibrel ya era famoso por acechar a los astronautas de las misiones Apolo y enseñarles una Biblia exigiendo que juraran sobre ella que fueron a la Luna. De hecho, Edgar Mitchell, astronauta de la Apolo XIV, no tuvo problemas en jurar sobre la Biblia de Sibrel que sí había ido a la Luna, cosa que no mencionan ni Sibrel, ni Jiménez ni el resto de su cuadrilla.
Ocultar lo que ya se sabe para seguir explotando misterios que no son tales, vendiendo como noticia una ocurrencia superada y desacreditada es una táctica tradicional de los charlatanes. Su aparición inmediata como estrella del "Cuarto Milenio" de Íker Jiménez, nos dice a gritos que estamos ante un programa de radio con cámaras, pero sin rigor, sin seriedad y con el único objetivo de obtener público y ganancias, que de los hechos reales se ocupen otros menos listillos.
Para la semana próxima, Jiménez nos anuncia que seguirá refriteando los temas que le han dado fama, fortuna y una egomanía de polendas. Lo que Cuatro vende como un "gran especialista" y un "periodista" sigue siendo el Georgie Dan del ocultismo, pues.
No sé si la fantasía nació cuando Guillermo León vio Blade y decidió que él también era un héroe de lo oscuro como Wesley Snipes, o se le ocurrió a Carmen Porter para darle lustre al programoide que perpetran en Cuatro, o bien surgió del propio Íker Jiménez, a quien el respeto a los hechos no parece impresionarle mucho...
Pero lo que se dijo en el programa Cuarto milenio de este 4 de diciembre, atribuyéndole a Guillermo León (que me da que es tan "ingeniero informático" como Pedro Amorós) el megadescubrimiento de que los "orbes" u "orbs" son lo que en fotografía se llama "lens flare" (luz que no forma imágenes pero entra en el objetivo de la cámara, dispersándose, reflejándose y refractándose, motivo por el cual los objetivos profesionales llevan el aditamento llamado "parasol") es un cuento chino, probablemente inventado para poder decir la tontería sublime de que a Guille "no se le va una".
El "lens flare" es el tema esencial del diseño de objetivos profesionales. E incluso se puede ver en algunas de las fotos tomadas en la luna como ésta, aunque eso no impresionará a la tribu de Cuarto milenio, pues dicen que el hombre nunca fue a la Luna.
Guillermo León, dice Íker Jiménez, es "experto informático" que "analiza fotos" y dictamina con precisión quirúrgica cuáles son "genuinas" y cuáles son "trucadas". Como los "expertazos" que hicieron el supuesto análisis de la fotografía de un rostro en un remo de madera que ya reseñamos aquí.
Por supuesto, los "orbs" son, entre otras cosas, "flare", pero eso no lo "descubrió" ningún "Guillermo León". Y también son producto de la suciedad en la lente u objetivo. Pero sobre todo son producto de partículas suspendidas en el aire muy cerca del objetivo, como polvo y humedad, según explica pacientemente la gente de Fuji, al parecer sin preguntarle a ningún Guillermo León. A estos orbs, muchos cómplices de Jiménez los consideran "manifestaciones paranormales", entre ellos ni más ni menos que Pedro Amorós.
Pero el colmo de la fotografía ficción de Cuarto milenio es la otra fantasía según la cual la sobrepoblación reciente de "orbs" es "producto de las cámaras digitales".
¿Cómo lo saben? Porque Guillermo es "experto informático" y por tanto nada de lo digital le es ajeno. Si hay apartos informáticos implicados en el análisis de secuencias de ADN, en el proceso de las tomas del telescopio Hubble, en la cromatografía gaseosa o en la datación radiométrica por potasio-argón, según la lógica esperpéntica de Cuarto milenio, el tal Guillermo León es, asómbrese usted y nomínelo para el Nobel, experto en el análisis de secuencias de ADN, en procesos de las tomas del telescopio Hubble, en cromatografía gaseosa y en la datación radiométrica por potasio-argón.
Pamplinas.
Los "orbs" se multiplican:
1) porque cada vez hay más cámaras de aficionados,
2) porque las cámaras de aficionados poco a poco han ido incorporando objetivos zoom y mientras más elementos tiene un objetivo más flare tiene (los zoom tienen más elementos que los de distancia focal fija), esto también pasa en cámaras profesionales, como vemos en la siguiente fotografía digital con original de 6 megapíxeles, tomada en el Jardín Botánico de Gijón con una cámara Canon 10D y en la que se aprecia un bonito "orb" doble originado en el sol que está tras las hojas arriba de la esquina superior derecha del cuadro.

Fotografía cortesía de Marta Menéndez ©
3) porque las cámaras de aficionados tienden a ser cada vez más pequeñas y el flash se sitúa más cerca del objetivo, por lo que el ángulo de reflexión respecto de la lente es menor e ilumina los objetos cercanos a ésta, como el polvo, la lluvia, los copos de nieve o los insectos (hay ejemplos varios en la entrada sobre "orbs" en Wikipedia en inglés), y
4) porque la difusión de la estupidez, el pensamiento mágico y la misteriología por parte de negociantes caraduras es cada vez mayor, diciéndole a la gente que existen los "orbs" y animando a que busquen "misterios" en sus fotos de la última fiestuca que hicieron con los amigos, al tiempo que los medios le cierran la puerta a sus críticos y a ideas que puedan joderles el negocio.
Y, por supuesto, a estos procesos que pueden causar "orbs" les importa un rábano si la luz finalmente incidirá sobre un sensor digital (CCD o CMOS) o sobre una película en blanco y negro, color, diapositiva o infrarroja o sobre la última neurona de Cuarto milenio. Que la cámara sea digital o no, no significa nada fuera de la fantasilandia de estos pájaros.
Ni me meto esta semana con las "luces misteriosas" de Belchite, que no dudaría que tuvieron su misteriosísimo y acojonantérrimo origen en la linterna del mismo coequipero de Pedro Amorós que lanzó la moneda igualmente acojonomisteriosa de la patética emisión de TNT del lunes 28 de noviembre y le daba al ordenador para que pitara "hablando con los muertos".
Mucho menos me ocuparé demasiado de los "testigos profesionales" amaestrados de Jiménez, que ya llevó al programa de María Teresa Campos y a su programa radial Milenio 3 para aprovecharse desvergonzadamente de la desgracia del camping de Los Alfaques. Sólo señalo la insensibilidad mercenaria que implica el retransmitir insistentemente, amarillismo puro, sensacionalismo deshumanizado, las imágenes de las víctimas, sin pensar siquiera que algún familiar podría estar viendo la televisión. Es evidente que, si de cobrar se trata, la industria del ocultismo no conoce límites.
Porque, dígame usted, ¿qué media entre el brujo miserable, buitre e inmune al dolor humano que en Beslán le ha estado cobrando dos mil euros por niño a las madres de las pequeñas víctimas asesinadas por la brutalidad combinada del terrorismo integrista y del ejército ruso "para revivirlos" y el superinvestigador millonario que, con el único objetivo de ganar dinero y prestigio le dice a los familiares de las más de 200 víctimas de la tragedia de Los Alfaques que quizá algunos de sus seres queridos vaga como alma en pena en el sitio del holocausto?
No abundaré sobre eso ni sobre el refrito bobo de la leyenda urbana estadounidense de la "dama de la carretera" en versión "quiero salir en la tele, Íkeeeeeer".
Pero afirmo, contundentemente, que Guillermo León, si existe y no es otro producto de la fértil imaginación de la dupla JIménez-Porter, no sabe absolutamente nada de fotografía, de manipulación de imágenes por medios informáticos, de efectos especiales ni de formatos ni de algoritmos de compresión.
Si cualquier experto de Íker Jiménez supiera lo mínimo sobre la estructura interna de los archivos de imagen generados por las cámaras digitales (es decir, si supiera fotografía en lugar de ser "experto informático"), se habría dado cuenta sin muchos análisis de que la foto de las niñas del misterioso camposanto que depreda ahora como buitre Íker Jiménez es una trapacería, un engaño, una manipulación y un truco desvergonzado, algo que se puede demostrar por mucho que, según parece, Íker haya aleccionado a la familia "García Peña" a amenazar con demandas a quien ose reproducir sus fotos, sobre todo si es para demostrar que las fantasmas del cementerio son más falsas que un dólar con la cara de Ronald Reagan.
Demostrar que Guillermo León no puede detectar si una fotografía es trucada o no ni con ayuda de George Lucas y el fantasma de George Eastman es más fácil que demostrar que, cuando llueve, cae agua de arriba para abajo.
Viendo el programa de Íker Jiménez (®, creo) de este domingo 25 de diciembre, parece oportuno informarle a él y a los miembros de su pandilluca algunas cosas:
1. Que cien años no es nada, y noventa y nueve son uno menos
Íker, cuando te manden un documento supuestamente de 1768 (sospecho que sea de 2005 y te lo hayan mandado para pitorrearse de tu credulidad pública, porque me dicen que en privado no eres tan así), trata de no demostrar tu profunda incultura diciendo que "casi, casi" es de los tiempos de Rembrandt.
Texplico, tecuento y teasombro: Rembrandt Harmenszoon van Rijn vivió de 1609 a 1669, 99 años antes del supuesto documento, por lo cual tu afirmación es tan despistada como decir que las tonterías televisuales de la cuadrilla Jiménez son "casi casi de los tiempos de Pierre Curie" (1859-1906).
Y, por cierto, ¿quién te hizo la paleografía del documento? ¿O sigues sin saber lo que es la paleografía, pese a tu desbarrazo del "hombre pez"?
2. El que no enseña no vende
Entendemos que tu actividad en los medios no tiene nada que ver con la verdad, con la seriedad, con el rigor ni con ninguna tontería similar, sino que es simplemente un negocio, un business. Pero se hace muy evidente que Cuarto Milenio funge básicamente como espacio de mercadotecnia de tus productos y los de tus cómplices (como Javier "la hipnosis le hará crecer el pene y los pechos" Sierra).
Darle fuelle a los "fantasmas de la carretera" y a la impostura demostrada llamada "sábana santa" reciclando los mismos cuentos gastadísimos de siempre cuando tu colección El archivo del misterio ha publicado libros sobre esos temas, escritos por un cófrade tuyo y por Carmen Porter queda como que demasiado evidente. Más aún cuando también promueves otro libro de la editorial en la que publicas, el de Mariano Fernández. Y, para remate, traes a tu compi Javier Sierra a repetir sus tonteorías (recicladas de la novela de Dan Brown) para apuntalar la venta de su libraco, que mucho lo necesita ahora que dejó (o semidejó) la revista Más allá (de la desvergüenza).
Huele a tongo, pues, sobre todo hoy que hay tanta movida en el mundo de la misteriología que la supuesta "Agrupación de estudios paranormales" te ha concedido el premio "Enigmas y misterios" al "peor reportaje del año" y "al peor libro del año", mientras que "Milenio 3" ha sido distinguido como "el peor programa de misterio del 2005" y Carmen Porter obtuvo el galardón al "peor divulgador del misterio" según esos misteriólogos misteriosos dicen en la lista "Salsarosa (sic) paranormal".
Arrasadores andan, pues.
(No te aflijas, muy confiables no han de ser si a este blog lo nombraron "mejor blog escéptico del año", lo que los vuelve sospechosos, al menos, de mal gusto, cuando no de complicidad con los malvados científicos dogmáticos negadores, fascistas y todo eso que tanto te gusta repetir a lo tonto para hacerte la víctima. O incluso de inexistencia, porque al menos en la red no hay referencias a tal agrupación. Ya te desquitarás con los MOPAs que se entregan hoy, 28 de diciembre, día del charlatán, a la hora y en el lugar que tú ya sabes.)
Sé más discreto, pues. En tu programa de radio se notaba menos que lo que hacías eran simples infomerciales esotéricos de bajo nivel para vender productos varios, pero en televisión es demasiado evidente y patético, y se pueden enojar tus jefes, que Cuatro no es de EDAF, no lo olvides.
(Hablando del programa de radio, ¿qué pasó con los estudios de las caras duras de Bélmez que ibas a financiar con tu potentísimo talonario? ¿Ya están listos? Digo, ha pasado más de un año y el análisis tampoco era demasiado complejo: materiales, composición química y ya. Se hace en una semanuca o dos, no en 52 y pico.)
3. Poniendo en evidencia a nuestro empleadín
Carmen, trata de no poner en ridículo tan bruscamente a Guillermo León Jiménez (¿es familia?), porque ahora resulta que, al igual que los anteriores "expertos informáticos" de dibujos animados de la Warner que tenían en Milenio Tres, Guillermo tampoco es informático, ni fotógrafo, ni fotomanipulador, ni se ocupa siquiera de la imagen, digital o no.
Su diplomado en fibra óptica y redes no lo capacita para dictaminar que "no hay trucaje" en una foto, lo cual se demuestra con el hecho de que Guille dispone de una ancha, larga y profunda ignorancia sobre cómo se fotografía una emisión de televisión, y cree que siempre se ven las líneas de barrido en las fotos.
Pues no.
El que aparezcan o no las líneas del barrido de electrones de la pantalla depende de cómo se tome la foto, del tipo de vídeo (NTSC o PAL) y de la tasa de refresco del monitor, de modo que puede tener tantas evidencias de barrido como en la foto superior o tan pocas como la foto inferior. (Líneas de barrido señaladas con flechas rojas, la sombra del monumento funerario está indicada con flecha azul, para que no se columpien los expertoides.)

Así que veamos qué nos dice Guille: ¿hay truco o no en la imagen? ¿Cuál es y cómo se hizo? Nótese además el logotipo de TeleTimos en la imagen de abajo.
Y es que basta contemplar arrobados la calidad de las fotos que toma y "procesa" Guille para ver que eso de la foto no es lo suyo. Aquí, Carmen, te deja en la penumbra vaga de la pequeña alcoba, mientras que Íker adquiere un amarillo verdoso nauseabundo, probablemente para deleite de sus críticos, el micrófono está quemado y se podía haber quitado la botella de agua antes de tomar la foto o clonarla si no se vio a tiempo...
Vamos, el concepto "temperatura del color" evade la sapiencia de Guille, por no decir que aunque sea para hacerle la pelota a quienes le pagan debería saber aclarar selectivamente sombras. Pese a ello, ¿en serio que le crees cuando dice que la foto de "las niñas del camposanto" es "genuina"?
Y ya en eso, Carmen, explícale al pobre Guillermo que la falta del logotipo de un canal de televisión en una imagen que aparezca en pantalla no es "prueba" de algo paranormalísimo y estremecedor, sino que también ocurre cuando la imagen proviene de un cassete de vídeo, un VideoCD o un DVD de vídeo. Así se hicieron las imágenes arriba mostradas: fotomanipulación grabada en un CD y éste en el lector de DVD y CD.
En fin, otro yerro de Cuarto Milenio Tres y el euro al bolsillo.
Sorprendente, ¿no?
Guille León dice que es programador Web, electricista, instalador de redes, instalador de antenas, reparador de videojuegos, radiooperador y vendedor. Pero tú e Íker desafían a la verdad al presentarlo como "experto" en imágenes digitales, fotografía y manipulación. Revisa la entrada anterior, a ver si ahora sí se entiende.
Por cierto, Íker, ¿podrías explicarnos kékarahos son "los plasmas de la televisión" a los que haces referencia con tanta autoridad? Gracias.
4. Los cátaros eran cristianos
Quizá tu momento cumbre este domingo, en el delirio sensacionalista y adjetivadísimo por el que te despeñas a la menor provocación, Íker, fue cuando hablaste de los "cátaros quemados por cristianos".
Extraña y asombra que todo un buque insignia de la misteriología misteriosa española y del esoterismo como fuente de ingresos potentes, el hombre que aspira a ocupar el chaleco, el lugar en business class y las consideraciones bancarias de Juanjo Benítez no sepa siquiera que los cátaros eran cristianos.
(Breve pausa para que la orquesta dirigida por Íker se recupere del shock.)
Pues sí, los cátaros eran tan, pero tan cristianos, que de hecho se llamaban a sí mismos "los buenos cristianos" para diferenciarse de "los malos cristianos", que fueron quienes los persiguieron y quemaron, los de la rama católica romana, que los consideraba herejes (y viceversa).
5. ¿Tienen problemas en el correo electrónico?
Pregunto porque siguen sin llegarme las fotos ésas del pueblo de Ávila que dices que están a disposición de todos.
Tú dijiste, Íker, "con luz y taquígrafos", ¿no? Pues vengan las fotitos. ¿O es que las están "adaptando"?
No seas remolón y mándalas.
