
Por John Franch.
Fue una experiencia tipo camino a Damasco en la era de Mad men. En 1966, el respetado astrónomo J. Allen Hynek había pasado –al parecer, de la noche a la mañana– de decidido detractor a ardiente apóstol del evangelio ovni. Asesor durante mucho tiempo del Proyecto Libro Azul, conocido por su postura escéptica hacia los ovnis, Hynek empezó a decirle a todo el que quisiera escucharlo que el fenómeno ovni merecía un serio escrutinio científico. El gran director Stanley Kubrick fue uno de los muchos que le escucharon. En 1968, en una entrevista en Playboy para promocionar su epopeya de la ciencia-ficción 2001: una odisea del espacio, Kubrick habló elogiosamente de lo que denominó la «tardía pero ejemplar conversión» de Hynek. (Phillips 2001, 58).
De hecho, la aparente transformación del profesor de escéptico a defensor de los ovnis no fue la conversión que pareció a primera vista. Desde su adolescencia, Hynek había sido un entusiasta estudioso de lo oculto, aunque no abiertamente. El francés Jacques Vallée, informático y escritor sobre los ovnis, era una de las pocas personas que sabían el secreto de Hynek. Éste le contó una vez a Vallée que se había convertido en astrónomo para descubrir «las limitaciones mismas de la ciencia, las partes en las que fallaba, los fenómenos que no podía explicar» (Vallée 1996, 232). En todo caso, el giro público de 180 grados del científico supuso un espaldarazo para el movimiento ovni, al que otorgaba cierta credibilidad, y convirtió a Hynek en una celebridad, como «el mayor experto en platillos volantes» del país (O’Toole, 1966). Durante dos décadas la gente podía señalar a Hynek y decir: «He ahí a un científico experto, un astrónomo nada menos: si incluso él cree en este asunto de los ovnis, es que tiene que haber algo».
¿Quién era Josef Allen Hynek? Nació en el West Side de Chicago el 1 de mayo de 1910, poco más de una semana después de que el cometa Halley diera una vuelta al Sol. El padre de Hynek, de origen checo, se ganaba la vida fabricando puros mientras su madre, Bertha, enseñaba en un instituto local. Josef atribuía a su madre su temprano interés por la astronomía.
«Cuando tenía siete años, tuve la escarlatina y estuve en cuarentena con mi madre en nuestro apartamento de la 15 con Ayers –explicó Hynek–. No había nada que hacer salvo leer y, como yo era tan pequeño, mi madre me leía. Pronto nos quedamos sin libros para niños y pasó a leerme libros de texto. Entre ellos había un libro de bachillerato sobre astronomía. Creo que fue el que más me interesó» (Berland 1962).
Tal vez los libros de astronomía no le dieran las respuestas que buscaba, así que Hynek, ya un adolescente que amaba los libros, empezó a estudiar lo que él llamaba «asuntos esotéricos». Tras leer mucho sobre ocultismo, se aficionó especialmente a los escritos de las sociedades secretas rosacruces, con sus tentadoras promesas de antiguos conocimientos escondidos, y a los llamados filósofos herméticos, sobre todo Rufolf Steiner.1 Aquel estudiante de secundaria gastó más de 100 dólares –unos 1.300 dólares actuales– en la compra del enorme libro, profusamente ilustrado, del místico canadiense Manly Hall An encyclopedic outline of masonic, hermetic, qabbalistic and rosicrucian symbolical philosophy: being an interpretation of the secret teachings concealed within the rituals, allegories and mysteries of all ages (Un esbozo enciclopédico de la filosofía simbólica masónica, hermética, cabalística y rosacruz: una interpretación de las enseñanzas secretas escondidas en los rituales, alegorías y misterios de todas las épocas), más conocido simplemente como Las enseñanzas secretas de todos los tiempos. «Todos mis compañeros de clase pensaban que estaba loco por no comprarme en su lugar una motocicleta, como habían hecho ellos», le contaría Hynek más adelante a Jacques Vallée (Vallée 2010, 64-65).
Deseando descubrir «las limitaciones mismas de la ciencia», Hynek se decidió por hacer la carrera de astrónomo. Tras licenciarse en la Universidad de Chicago en 1931, preparó su doctorado en astronomía. Trabajó en su tesis doctoral –A quantitative study of certain
phases of F-type Spectra (Estudio cuantitativo de ciertas fases del espectro tipo-F)– en el observatorio Yerkes, un templo románico de la astronomía en las serenas orillas del lago Geneva, en Wisconsin.
«Todo aquello tenía una especie de cualidad mística –recordaría Hynek más tarde, de forma reveladora, refiriéndose a su monástica existencia en Yerkes–. Supongo que no debería decir algo así en relación con la ciencia, pero yo estaba tan profundamente absorto en la vida en el observatorio que apenas escuché hablar de Hitler» (Ridpath, 1973, 423).
Poco después de doctorarse en 1935, Hynek obtuvo un puesto como ayudante en la Universidad Estatal de Ohio y, cuatro años más tarde, se convirtió en profesor. Aún estaba enseñando en la Estatal, en 1948, cuando tres oficiales de la Fuerza Aérea se pusieron en contacto con él: buscaban a un científico para ayudarles con un complejo problema que había surgido recientemente (Ridpath 1973, 422-24).

El caso Arnold
El 24 de junio de 1947, un vendedor llamado Kenneth Arnold informó haber visto una formación de brillantes objetos que pasaron frente al monte Rainier mientras volaba en su avioneta particular. En las semanas que siguieron al supuesto avistamiento de Arnold, cientos de personas afirmaron haber observado platillos volantes similares. Temiendo que esos llamados platillos pudieran ser aeronaves soviéticas, oficiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos crearon el Proyecto Signo a principios de 1948 para investigar el fenómeno. Hynek fue reclutado como asesor astronómico del proyecto.
En su papel de asesor científico del Proyecto Signo, Hynek realizaba viajes periódicos de Columbus a la Base de la Fuerza Aérea de Wright Patterson (donde tuvieron su sede el Proyecto Signo y sus sucesores, los proyectos Tirria y Libro Azul) para examinar los informes de casos de ovnis. Demostró ser un detractor perspicaz e implacable, un Sherlock Holmes de los fenómenos aéreos. «Los examinaba y decía: “Bueno, esto es obviamente un meteoro” o “Esto no es un meteoro, pero apuesto lo que sea a que es un globo” -recordaba en 1985-. Era un escéptico absoluto, y me temo que ayudé a extender la idea de que debía ser un disparate y, por tanto, era un disparate» (Weintraub, 1985, 74).
Uno de los primeros intentos de Hynek por desacreditar el fenómeno –y uno de los más famosos– fue, en 1948, el caso del capitán Thomas Mantell, un piloto de la Fuerza Aérea que, mientras perseguía a un ovni, murió al estrellarse su Mustang P-51. En su informe del incidente, Hynek sugirió que el ovni podría haber sido Venus, a pesar de que, como luego admitió, el planeta habría sido demasiado tenue para ser apreciado a la brillante luz del día (Ruppelt 1956, 41-47). El astrónomo tenía otra teoría –probablemente correcta– en este caso: el ovni que Mantell observó y persiguió a demasiada altura era un globo Skyhook (Vallée 1987, 72).
Al principio, Hynek suponía que los avistamientos de platillos volantes eran sólo «una moda de posguerra que desaparecería tan rápidamente como el hula-hoop» (Hall y Connors 2000, 240). Pero los informes sobre ovnis siguieron llegando mientras el Proyecto Signo se convertía en Proyecto Tirria en 1949 y, luego, en el Proyecto Libro Azul en 1952. Durante este último año una oleada de avistamientos de ovnis hizo que Hynek empezara a reconsiderar sus puntos de vista sobre el asunto. Especuló abiertamente que los ovnis podían ser un nuevo tipo de fenómeno natural que denominó «luces nocturnas serpenteantes» (Sword y Powell 2012, 191). El cambio de opinión del astrónomo fue tan evidente que el capitán Edward Ruppelt, primer director del Proyecto Libro Azul, opinaba que Hynek era «demasiado pro-ovni» (Hall y Connors 2000, 205, 212).
Más adelante, Hynek atribuiría este cambio de ideas a dos factores:
«Uno fue la actitud totalmente negativa e inflexible de la Fuerza Aérea […]. Todo tenía que tener una explicación. Empecé a sentirme molesto, aunque básicamente pensaba del mismo modo, porque también creía que no lo estaban enfocando de forma correcta. En segundo lugar, la importancia de los testigos empezó a preocuparme. Bastantes casos eran presentados por pilotos militares, por ejemplo, y yo sabía que los entrenaban muy bien, así que me puse a pensar que, bueno, tal vez había algo en todo aquello» (Stacy 1985).
Ya en 1960, Hynek había empezado a opinar entre bastidores que los ovnis merecían un escrutinio científico serio. «Sólo tengo que recordarle -le escribió ese año a un oficial de la Fuerza Aérea- que hace menos de dos siglos todo el campo de los meteoritos se mantenía al margen de la astronomía legítima porque las historias sobre “piedras que caen del cielo” se consideraban cuentos de viejas. Si los científicos de aquella época hubieran prestado la debida atención a tales informes, la rama productiva de la astronomía que hoy conocemos como meteórica habría nacido mucho más de un siglo antes» (Hynek 1960). Hynek citaría a menudo este incidente de la historia de la astronomía para justificarse a sí mismo cuando más adelante se convirtió en un abierto defensor de los ovnis.
Los verdaderos puntos de vista de Hynek sobre los ovnis aún eran desconocidos para el público cuando el astrónomo, ahora profesor en la Universidad del Noroeste, conoció a Jacques Vallée en el otoño de 1963. Tras aceptar un empleo como programador informático en la Universidad del Noroeste, Vallée se hizo muy amigo de Hynek y pronto crearon un grupo de discusión sobre ovnis: el astrónomo acabaría bautizando a este grupo como «el Colegio Invisible» (Vallée 1996, 270), un término usado por primera vez por los rosacruces a principios del siglo XVII. Vallée empezó a presionar a Hynek para que rompiese con la Fuerza Aérea y admitiese públicamente que el fenómeno ovni era real y merecedor de una investigación científica seria. El asesor científico del Proyecto Libro Azul, ya veterano en esas funciones y aún conocido como un acérrimo detractor de los ovnis, se resistía con obstinación a ese consejo (Vallée 1996, 80-94).
Hynek tenía mucho que perder. Disfrutaba de una considerable reputación en el mundo astronómico: aunque tenía un respetable número de artículos en revistas sobre astronomía estelar, era más conocido por su trabajo detrás de un escritorio que por sus labores frente a un telescopio. Había sido director del observatorio McMillin en Ohio, codirector del programa de seguimiento por satélite Operación Moonwatch, secretario de la Sociedad Astronómica Estadounidense e impulsor del programa de astronomía con globos Proyecto Sky Gazer (Ridpath 1973, 422-24). Comprensiblemente, no estaba muy dispuesto a arriesgar su nombre -y su carrera- en interés de los ovnis. El astrónomo estaba esperando, en palabras de Vallée, que se produjera «el único gran caso que nadie podría negar porque las pruebas serían abrumadoras» (Vallée 1996, 96).
Ovnis en el Congreso
Y entonces, el 24 de abril de 1964, se produjo ese único gran caso, o eso parecía. En Socorro, Nuevo México, el oficial de policía Lonnie Zamora estaba persiguiendo con su coche patrulla a un coche que había excedido el límite de velocidad cuando de pronto oyó un estruendo y vio una llama en el cielo. Al investigar, Zamora divisó un objeto con forma de huevo, «blanco aluminio», con patas que se extendían hasta el suelo, y observó en sus cercanías a dos figuras con capas blancas. Cuando el agente se acercó con cautela, el objeto empezó a rugir, y Zamora volvió corriendo hacia su coche. Entonces el ovni ascendió al cielo y pronto se perdió de vista (Hynek 1972, 144-45).
Presionado por los medios de comunicación, el mayor Hector Quintanilla, director del Proyecto Libro Azul, envió de mala gana a Hynek a investigar el supuesto avistamiento. En el lugar del aterrizaje, Hynek examinó plantas chamuscadas y cuatro impresiones que habían quedado sobre el terreno, y convenció a Zamora para recrear el incidente (Huyghe 2001, 317-18). El astrónomo partió de Nuevo México «más confuso ahora que cuando llegué», como le confesó a un reportero, pero estaba convencido de que Zamora había visto realmente algo (Chicago Tribune 1964).2

Hynek y Vallée discutían con frecuencia sobre el caso de Socorro, pero el astrónomo seguía mostrándose reacio a presentarse públicamente como partidario de los ovnis (Vallée 1996, 118). Las cosas cambiaron en la primavera de 1966. El 20 de marzo de ese año, docenas de personas informaron haber visto objetos brillantes que sobrevolaban un pantano cerca de Ann Arbor, Michigan, y la noche siguiente ochenta y siete estudiantes del Hillsdale College, también en Michigan, afirmaron haber visto extrañas luces rojas, blancas y azules. Los avistamientos de Michigan recibieron una amplia cobertura mediática, y el mayor Quintanilla volvió a enviar a Hynek a la escena. El profesor corrió a Michigan y emprendió su investigación en una atmósfera de «casi histeria», perseguido casi a cada paso por reporteros y cámaras. Tras entrevistar a treinta y dos testigos y consultar con varios profesores de la Universidad de Michigan, Hynek concluyó que al menos dos de los ovnis de Michigan podrían haber sido manifestaciones de gas de los pantanos (Hynek 1966a, 20).
El 26 de marzo, Hynek anunció sus conclusiones en una abarrotada rueda de prensa en Detroit, supuestamente «la más concurrida en la historia del Club de Prensa de Detroit» (Cámara de Representantes 1966, 6006). Tras sugerir el gas de los pantanos como probable explicación para algunos de los ovnis de Michigan, Hynek subrayó que no podría «demostrar ante un tribunal que esta sea la explicación plena de estos avistamientos» (Los Angeles Times 1966). Los medios, en su mayoría, ignoraron el calificativo «plena» y Hynek se convirtió de inmediato en un hazmerreír nacional por su teoría del gas de los pantanos, satirizado en caricaturas y criticado en editoriales como una marioneta de la Fuerza Aérea (Huyghe 2001, 9-10).
La teoría de Hynek del gas de los pantanos también llamó la atención –y provocó la ira– de Gerald Ford, el poderoso congresista republicano de Michigan y futuro presidente. En respuesta, Ford solicitó de inmediato al Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que investigara el fenómeno ovni, en la creencia de que «el público norteamericano merece una explicación mejor que la que ha proporcionado hasta ahora la Fuerza Aérea», en alusión a la explicación dada por Hynek (Cámara de Representantes 1966, 6047). El deseo del líder de la minoría de la Cámara era equivalente a una orden, así que la audiencia sobre los ovnis tuvo lugar sólo una semana después de que Ford presentara su solicitud.
El 5 de abril de 1966, Hynek discrepó públicamente por primera vez de la Fuerza Aérea, aprovechando con audacia su comparecencia ante el Comité de las Fuerzas Armadas. Molesto por las críticas sobre el «gas de los pantanos», al parecer el astrónomo quería demostrar que no era la marioneta de la Fuerza Aérea ni de nadie más. En una declaración no autorizada por el mayor Quintanilla, director del Proyecto Libro Azul, Hynek dijo en la sesión del Congreso que había aspectos del fenómeno ovni «dignos de atención científica», y pidió la creación de una comisión de científicos físicos y sociales para analizar seriamente lo que denominó el «problema ovni» (Cámara de Representantes 1966, 6007-6008).
«El episodio del gas de los pantanos nos dio en la cara a mí y a la Fuerza Aérea –explicaría Hynek más tarde sobre su giro de 180 grados–. Empecé a sentirme culpable por mi actitud escéptica. Y, una vez que abres las puertas a la posibilidad de que todas esas personas no puedan estar equivocadas, entonces ves un montón de casos bajo una luz totalmente diferente» (Huyghe 2001, 33). Como hemos visto, la «actitud escéptica» de Hynek era en realidad una fachada para consumo público. Estudioso de lo oculto durante mucho tiempo, resultó ser muy abierto a las ideas extravagantes: pensaba, por ejemplo, que había planos de existencia más allá del físico e incluso defendió supuestos casos de «cirugía psíquica» y «fotografía psíquica» (Vallée 1996, 240, 306). Pero fue necesario el furor mediático por el «episodio del gas de los pantanos» para que un Hynek enfadado y avergonzado airease públicamente sus opiniones sobre los ovnis, opiniones que mantenía hacía mucho tiempo.
Fue un movimiento arriesgado para Hynek, pero no tan arriesgado como lo habría sido unos pocos años antes. Desde entonces su carrera como astrónomo se había estancado en buena medida.3 En 1957, Hynek había puesto en marcha, en colaboración con la Fuerza Aérea, un programa de astronomía basada en globos, más tarde llamado Proyecto Star Gazer. El plan consistía en enviar globos equipados con telescopios por encima de las capas más bajas de la atmósfera, que distorsionan la imagen. Lamentablemente, una serie de lanzamientos de prueba fallidos llevaron a la Fuerza Aérea a abandonar el Proyecto Star Gazer en 1963. La decisión resultó devastadora para Hynek, que parecía haber apostado su carrera profesional al éxito del proyecto. En un cáustico informe final a la Fuerza Aérea, el astrónomo no se contuvo. «En cualquier caso –escribió–, el abandono de un proyecto que había comprometido a tanta gente durante tanto tiempo, en un momento en que el éxito parecía asegurado, sólo puede figurar en los anales científicos como un acto criminal llevado a cabo de un modo despiadado e indiferente, sin tener en cuenta los deseos, objetivos e ideales de las personas implicadas» (Hynek 1966b). ¿Fue en parte la revelación de Hynek como cruzado de la causa ovni un intento, subconsciente o no, de vengarse de la Fuerza Aérea por torpedear el Proyecto Star Gazer?

Un giro de 180 grados
Tal como Hynek había recomendado durante su comparecencia ante el Congreso, la Fuerza Aérea pronto financió un estudio científico de los ovnis, y el renombrado físico Edward U. Condon, de la Universidad de Colorado, fue escogido para dirigirlo. Tras tres polémicos años, el Comité Condon concluyó en 1969 que «probablemente no esté justificado un estudio más exhaustivo de los ovnis con la expectativa de que suponga un avance para la ciencia» (Hynek 1972, 192-93). Previsiblemente, Hynek desestimó el informe del comité, calificándolo de «una pérdida de tiempo» (Kotulak 1969), pero la Fuerza Aérea le dio el visto bueno y cerró el Proyecto Libro Azul ese mismo año. Ahora el profesor era un investigador de ovnis por cuenta propia.
En 1966, Hynek había escogido el megáfono más grande que pudo encontrar para anunciar su nueva carrera como defensor de los ovnis: envió una carta explosiva a la prestigiosa y ampliamente leída revista Science en la que sostenía que los ovnis merecían una investigación científica. Los editores de Science publicaron la carta a regañadientes, pero sólo después de que el astrónomo hubiera filtrado su contenido al Chicago Sun-Times (Vallée 1996, 222). Posteriormente, Hynek escribió artículos para publicaciones nacionales como The Saturday Evening Post, The New Yorker e incluso Playboy, y se convirtió en una presencia ubicua en programas de radio y televisión. «Los periodistas contratan a Allen como hubieran contratado a un guitarrista –escribió Jacques Vallée en su diario–. En cuanto ve un foco se lanza y, si el foco se mueve, se mueve con él» (Vallée 1996, 259).
La fama de Hynek tuvo un alto coste: perdió el respeto de sus colegas de la comunidad científica. «La actitud de sus colegas hacia él está cambiando hasta llegar al desprecio, y eso le duele –anotó Vallée en 1968–. Los astrónomos ya no le toman en serio» (Vallée 1996, 339).
Decidido a demostrar que sus colegas se equivocaban, Hynek empezó a trabajar en un libro que, según él, presentaría un enfoque científico del estudio de los ovnis. Publicado en 1972, The UFO experience: a scientific inquiry (La experiencia ovni: una investigación científica) aborda la realidad del fenómeno ovni de una manera fría y objetiva. El libro es especialmente notable por su clasificación de ciertos informes ovnis en Encuentros Cercanos del Primer Tipo (avistamientos), del Segundo Tipo (avistamientos con efectos físicos) y del Tercer Tipo (avistamientos de ocupantes de los ovnis) (Hynek 1972, 86).
Por desgracia para Hynek, The UFO experience causó aún más daño a su reputación académica. Según un astrónomo amigo de Vallée, el libro de Hynek «provocó la hostilidad del profesorado de la Universidad (del Noroeste) y lo convirtió en una figura controvertida. A pesar de una reseña imparcial en la revista Science, muchos profesores sintieron que la reputación de la universidad había quedado manchada» (Vallée 2010, 156). De hecho, en 1982, hablando en nombre de sus colegas de la institución, el decano de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad del Noroeste declaró categóricamente a un funcionario de la Universidad: «No estamos orgullosos del asunto de Hynek con los ovnis, no lo hemos estado y no lo estaremos. Hay muchos que piensan que lo que hace no tiene nada que ver con la investigación» (Weingartner 1982).
Puede que Hynek quisiera realmente recuperar su prestigio científico, pero lo cierto es que su actitud durante los años 70 no mejoró las cosas. Aquel astrónomo con gafas y barba de chivo era una figura familiar para los televidentes de la época, pontificando sobre el «problema ovni» en programas que iban desde The Dick Cavett Show a In Search Of. A finales de 1973, respaldó las alegaciones de abducción alienígena de dos trabajadores de los astilleros de Pascagoula, Mississippi, afirmando que los dos hombres habían vivido «una experiencia muy real» (Los Angeles Times 1973). Se unió a un comité ovni creado por el National Enquirer: se pagarían 50.000 dólares a «la primera persona que pruebe ante el comité que los ovnis proceden del espacio exterior y no son un fenómeno natural» (Dick 1972). Casi al final de la década, Hynek hizo incluso un cameo de ocho segundos en la película de Steven Spielberg Encuentros en la tercera fase (Huyghe 2001, 32). Era también una figura popular en el lucrativo circuito de las conferencias universitarias. Más tarde se jactaría ante un amigo de que «cada una de mis conferencias me reporta más que mi sueldo mensual en la Noroeste» (Hynek 1978).
Las actividades extracurriculares de Hynek no le granjearon las simpatías de la administración de la Universidad del Noroeste. En el otoño de 1973, siguiendo una oleada de supuestos avistamientos, el astrónomo creó el Centro de Estudios de los Ovnis (CUFOS) para que sirviera como punto de intercambio de información ovni. Esperaba que pudiera tener su sede en el campus de la Noroeste, pero los funcionarios de la universidad rechazaron rotundamente la idea. La administración insistió en que no debía de haber ningún tipo de conexión entre la Noroeste y el centro ufológico; a Hynek ni siquiera se le permitiría usar su dirección de correo de la universidad para la correspondencia relacionada con el Centro. Finalmente, en señal de protesta, el profesor despachó toda una serie de cartas airadas: «Con franqueza, me abochorna tener que decir que la Universidad se ha mostrado tan conservadora como para no ver el potencial que hay en esto, tanto para la ciencia como en términos de publicidad –se quejó en una carta–. Y, por supuesto, personalmente me molesta la insinuación de que el asunto es pura tontería y que cualquiera que se relacione con él es un chiflado (¡hablando sin rodeos!)» (Hynek 1974).
Tras retirarse de la Noroeste en 1978, Hynek dedicó gran parte de su tiempo al Centro de Estudios de los Ovnis. Pese a tener un buen historial como recaudador de fondos –había obtenido dinero de donantes privados para el Centro de Investigación Astronómica Lindheimer de la Noroeste–, Hynek tuvo dificultades para dotar a su centro ufológico de una base financiera segura: a menudo, potenciales benefactores lo tentaban con ofertas de apoyo económico sólo para al final dejarlo en la estacada. Finalmente, Hynek empaquetó sus archivos de investigación y trasladó su centro ufológico a Scottsdale, Arizona, adonde lo había atraído un inglés rico con promesas de dinero y el uso de su «bastante lujosa» residencia (Witt 1984). El astrónomo se vio abocado a la decepción una vez más: su peculiar patrocinador «sólo estaba interesado en hacerse con un séquito de científicos para promover sus teorías personales sobre el fenómeno ovni», según Jacques Vallée (Vallée 1996, 423).

A menudo, Hynek se mostraba evasivo a la hora de ofrecer sus teorías sobre la naturaleza de los ovnis. A pesar de su cameo en 1977 en Encuentros en la tercera fase, para entonces había rechazado la noción de que los ovnis fueran naves espaciales con «tuercas y tornillos» pilotadas por extraterrestres (Gardner 1997, 247). Sus estudios sobre ocultismo lo habían llevado en una dirección muy diferente. Ya en 1967 había especulado con que los ovnis pudieran ser «dispositivos de observación materializados en nuestro mundo por los moradores de otro» (Vallée 1996, 306). Más adelante ofreció una variación de esta teoría: los ovnis como «proyecciones psíquicas» creadas por una «inteligencia extradimensional en alguna realidad paralela» (Gardner 1997, 253). En una conversación con el ufólogo Jerome Clark, Hynek se mostró más específico. Supuestamente, el astrónomo le contó a Clark que creía que los «elementales» –espíritus de la naturaleza– estaban detrás del fenómeno ovni (Clark 1998).
Resulta fácil cuestionar la veracidad de la sorprendente afirmación de Clark, pero cobra sentido cuando nos damos cuenta de que Hynek estuvo fuertemente influido por Rudolf Steiner, el místico austriaco. Steiner sostenía que las ciencias puras sólo ofrecen a la humanidad «una enorme cantidad de información popular». En cambio, el individuo iluminado, al emplear un pensamiento libre de los sentidos, podría «rasgar el velo» y descubrir lo que se encuentra tras el mundo material revelado por la ciencia. En opinión de Steiner, los elementales –espíritus del aire, la tierra, el agua y el éter– habitaban un reino escondido, inaccesible a los sentidos. Si Hynek creía realmente que los ovnis eran espíritus de la naturaleza, es posible que los identificase de forma específica con esta última clase de elementales, los etéricos «seres de los elementos superiores». Steiner afirmaba que «lo que existe en el cielo no es simplemente el sol físico, sino que con el calor y la luz del sol seres etéricos bajan a la Tierra» (Steiner 1922). ¿Sospechaba Hynek que los ovnis eran los «seres etéricos» de Steiner bajando a la Tierra?
Para los poquísimos que conocían la fascinación de Hynek por el ocultismo, su artículo de 1975 sobre Johannes Kepler –el gran astrónomo del siglo XVII– en la revista Vistas in Astronomy tenía un significado adicional. En este revelador artículo de una página, Hynek sostiene que los historiadores de la ciencia se equivocan al considerar la práctica de la astrología por parte de Kepler como una mera forma de ganarse el pan. «Tanto su astrología como su astronomía [las de Kepler] surgieron de su profunda visión mística y participaron de ella en gran medida», escribió Hynek (1975). Siguió afirmando que la astronomía moderna, con conceptos exóticos como cuásares, púlsares y agujeros negros, ofrecía un «amplio campo de estudio para el metafísico». Según Hynek, existía «un tenue hilo» que unía el pensamiento metafísico de la astronomía actual con la disposición metafísica de Kepler, siendo ambos sistemas de pensamiento «depositarios de cuestiones fundamentales que no se abordan en el campo de estudio de la ciencia física actual» (Hynek 1975, 455). Al parecer, Hynek veía a Kepler como un alma gemela y, en este artículo, estaba defendiendo no sólo las creencias de Kepler, sino también las suyas.
«Nunca he dejado de pensar en lo que debe haber más allá de todo esto», le comentó una vez Hynek a Vallée en Colorado mientras señalaba con un amplio gesto las Montañas Rocosas y las Grandes Llanuras (Vallée 1996, 232). Para el profesor, los ovnis representaban el «más allá», ese espacio que la ciencia no podía alcanzar. Tras convertirse en astrónomo para descubrir los límites de la ciencia, Hynek quería, tal vez incluso necesitaba, creer en los ovnis. Era un caso de pensamiento ilusorio.

Hynek murió de un tumor cerebral en el Memorial Hospital de Scottsdale, Arizona, el 27 de abril de 1986 (Folkart 1986). El cometa Halley regresaba por entonces de su viaje de setenta y seis años a través del sistema solar. Como Mark Twain, Josef Allen Hynek vino al mundo con el gran cometa, y se fue con él del mismo modo.
Notas
1 Rudolf Steiner (1861-1925) fue un místico nacido en Australia que propagó una creencia conocida como antroposofía o ciencia espiritual. Según Robert McDermott, el propósito de la antroposofía era «aportar a la humanidad una capacidad enteramente nueva: el conocimiento del mundo espiritual mediante el pensamiento consciente, libre de los sentidos» (McDermott 1984, 3). En su clásico Fad and fallacies in the name of science (Modas y falacias en nombre de la ciencia), Martin Gardner calificó la Sociedad Antroposófica de Steiner de «la secta de crecimiento más rápido de la Alemania de posguerra» (Gardner 1957, 169).
2 En una carta de 1968 recientemente descubierta, el entonces presidente del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México indicaba al químico Linus Pauling que el episodio de Zamora había sido de hecho un engaño perpetrado por un estudiante (Sheaffer 2010, 25).
3 Según el Sistema de Datos Astrofísicos SAO/NASA, de las más de cien publicaciones sobre astronomía que Hynek tiene en su haber, sólo alrededor de una docena aparecieron después de 1966. Casi la mitad de esa docena de artículos estaban relacionados con Image Orthicon, un innovador sistema que usaba tecnología de televisión para potenciar la captación de luz de los telescopios y que Hynek ayudó a desarrollar en los años 50 y 60 (Observatorio Astrofísico Smithsoniano / NASA).
Referencias
- Bertland, Theodore. 1962. «New look at the stars» [Una nueva mirada a las estrellas]. Chicago Tribune (9 de diciembre).
- Cámara de Representantes. Comité de las Fuerzas Armadas. 1966. Unidentified Flying Objects. 89 Cong., 2ª ses., Committee Print No. 55.
- Chicago Tribune. 1964. «Probe flying object reports in 2 states». 1 de mayo.
- Clark, Jerome. 1998. Lista de Correo de Actualizaciones Ovni, 1 de diciembre. En http://www.cohenufo.org/Hynek/clark_re_hynk2.htm.
- Dick, William. 1972. Carta a J. Allen Hynek fechada el 11 de febrero. Papeles de J. Allen Hynek. Archivos de la Universidad del Noroeste, Evanston.
- Folkart, Burt. 1986. «J. Allen Hynek dies; led AF investigation of UFOs» [Muere J. Allen Hynek; dirigió las investigaciones sobre ovnis de la Fuerza Aérea]. Los Angeles Times. 1 de mayo.
- Gardner, Martin. 1957. Fads and fallacies in the name of science. 2ª ed. Nueva York, Dover Publications.
- ———. 1997. The night is large: collected essays, 1938-1995. Nueva York, St. Martin’s Griffin.
- Hall, Michael David, y Wendy A. Connors. 2000. Captain Edward J. Ruppelt: The Summer of the Saucers, 1952 [Capitán Edward J. Ruppelt: el verano de los platillos]. Albuquerque, Nuevo México, Rose Press International.
- Huyghe, Patrick. 2001. Swamp gas times: My two decades on the UFO beat. Nueva York, Paraview Press.
- Hynek, J. Allen. 1960. Carta al brigadier B. G. Holzman fechada el 17 de febrero. Papeles de J. Allen Hynek. Archivos de la Universidad del Noroeste, Evanston.
- ———. 1966a. «Are flying saucers real?». Saturday Evening Post 17 de diciembre.
- ———. 1966b. Informe científico sobre el Proyecto Star Gazer: Informe técnico final. Julio. Papeles de J. Allen Hynek. Archivos de la Universidad del Noroeste, Evanston.
- ———. 1972. The UFO experience: a scientific inquiry. Chicago, Henry Regnery Company.
- ———. 1974. Carta a John E. Fields fechada el 18 de noviembre. Papeles de J. Allen Hynek. Archivos de la Universidad del Noroeste, Evanston.
- ———. 1975. «Kepler’s astrology and astronomy». Vistas in Astronomy 18, 455.
- ———. 1978. Carta a John E. Fields fechada el 7 de septiembre. Papeles de J. Allen Hynek. Archivos de la Universidad del Noroeste, Evanston.
- Kotulak, Ronald. 1969. «UFO. report rapped as “waste of time”». Chicago Tribune. 18 de mayo.
- Los Angeles Times. 1966. «Air Force investigator blames swamp gas for “flying saucers”». 26 de marzo.
- ———. 1973. «Recent UFO sightings: reports, answers—and a few mysteries». 18 de octubre.
- McDermott, Robert A. ed. 1984. The essential Steiner: basic writings of Rudolf Steiner. San Francisco, Harper & Row.
- Observatorio Astrofísico Smithsoniano / NASA. Sistema de Datos Astrofísicos. N.d. En http://adswww.harvard.edu/.
- O’Toole, Thomas. 1966. «Cant’t shrug off UFOs, says saucer expert». The Washington Post. 26 de octubre.
- Phillips, Gene D., ed. 2001. Stanley Kubrick: interviews. Jackson, Mississippi, University Press of Mississippi.
- Ridpath, Ian. 1973. «The man who spoke out on UFOs». New Scientist 58 (17 de mayo), 422-24.
- Ruppelt, Edward. 1956. The report on Unidentified Flying Objects.Garden City, Nueva York, Doubleday.
- Sheaffer, Robert. 2010. «Famous Socorro “UFO landing” a student prank?». Skeptical Inquirer 34 (2). 25-27.
- Stacy, Dennis. 1985. «Close encounter with Dr. J. Allen Hynek». CUFON, The Computer UFO Network. En http://www.cufon.org/cufon/hynekint.htm.
- Steiner, Rudolf. 1922. «The elemental world and the future of mankind». 28 de mayo. Archivo de Rudolf Steiner. En http://wn.rsarchive.org/Lectures/19220528p01.html.
- Swords, Michael, y Robert Powell. 2012. UFOs and government: a historical inquiry. San Antonio, Texas, Anomalist Books.
- Vallée, Jacques. 1987. UFO’s in space: anatomy of a phenomenon. Nueva York, Ballantine Books.
- ———. 1996. Forbidden Science: Journals 1957-1969. Nueva York, Marlowe & Company.
- ———. 2010. Forbidden Science: Journals 1970-1979. 2ª ed. San Francisco, Documatica Research.
- Weingartner, Rudolph. 1982. Carta a Chuck Loebbaka fechada el 11 de mayo. Papeles de J. Allen Hynek. Archivos de la Universidad del Noroeste, Evanston.
- Weintraub, Pamela. 1985. «Interview: J. Allen Hynek». Omni 7 (5), 70-76 y 108-114.
- Witt, Howard. 1984. «UFO expert moving to Arizona». Chicago Tribune. 21 de agosto.
John Franch es un escritor independiente. Es autor de Robber Baron: the life of Charles Tyson Yerkes y ha escrito artículos para publicaciones como Astronomy, Sky and Telescope, University of Chicago Magazine, Illinois Alumni y Chicago History. Contacto en jfranch98@yahoo.com.
Publicado originalmente bajo el título de «The secret life of J. Allen Hyneck» en el volumen 37, número 1 (enero / febrero de 2013) de Skeptical Inquirer, la revista del Centro para la Investigación Escéptica (CSI).
Traducción de José Luis Piquero.
