Los documentos del Majestic 12… ¿’Autentificados’?

La supuesta carta de Harry Truman (a la derecha) a James Forrestal en la que crea el MJ-12 y, en miniatura, catalogada como "falsificación" en la web del FBI. Fotos: FBI / Casa Blanca.
La supuesta carta de Harry Truman (a la derecha) a James Forrestal en la que crea el MJ-12 y, en miniatura, catalogada como «falsificación» en la web del FBI. Fotos: FBI / Casa Blanca.

Por Philip J. Klass.

«Experto en lingüística da fe del documento sobre el MJ-12», rezaba el titular del MUFON UFO Journal. The International UFO Reporter, publicado por el Centro Hynek de Estudios de los OVNIs  (CUFOS), tituló su artículo: «Documento del MJ-12 autentificado por un experto». El titular de la revista UFO fue: «Análisis lingüístico: documento del MJ-12, validado».

Esto contradice mis propias averiguaciones, según las cuales los «documentos ultrasecretos» que aparentemente revelan que el Gobierno de Estados Unidos recuperó dos platillos voladores estrellados y los cadáveres de cuatro ocupantes en 1947 y 1950 son falsificaciones, por muchas razones detalladas en Skeptical Inquirer (números de invierno de 1987-1988, páginas 137-146; y de primavera de 1988, páginas 279-289).

El boletín Focus, publicado por William L. Moore y que divulgó los documentos del MJ-12 que aparentemente confirman las afirmaciones hechas en un libro del que fue coautor en 1980, tituló su artículo: «El documento del MJ-12 es real, según un experto». [1]

El experto en cuestión es Roger W. Wescott, profesor de lingüística en la universidad Drew en Madison (Nueva Jersey), cuya trayectoria parecería indicar que está cualificado para esta tarea. Wescott también ha mostrado un gran interés en un amplio espectro de lo paranormal, incluidos los OVNIs, lo que explicaría por qué Robert H. Bletchman, director estatal de MUFON en Connecticut, lo seleccionó para hacer un análisis lingüístico de los documentos del MJ-12.

La explicación popular de que los OVNIs son naves extraterrestres es demasiado prosaica para el gusto de Wescott. Como él mismo me explicó más tarde, ve una conexión directa entre los OVNIs y «esas cosas que han existido desde hace siglos: fenómenos relacionados con las hadas, los seres míticos de pequeño tamaño, los sucesos extraños de todo tipo, las apariciones extrañas que la gente no puede explicar».

Wescott invirtió ocho horas en su análisis, por el cual le pagaron 1.000 dólares, aportados por la  Red Mutua de OVNIs (MUFON), el CUFOS, el Fondo para la Investigación OVNI y la organización Fair Witness, del propio Moore.

El grueso de los documentos del MJ-12 pretende ser un informe ultrasecreto del contraalmirante R. H. Hillenkoetter para poner al tanto al presidente electo Dwight D. Eisenhower, el 18 de noviembre de 1952, sobre la historia del llamado comité secreto Majestic 12 (MJ-12). Este comité fue creado supuestamente por el presidente Harry S. Truman el 24 de septiembre de 1947 para estudiar los platillos estrellados y los cadáveres alienígenas, y hacer frente a los problemas de defensa nacional derivados de ello.

Hillenkoetter era director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) cuando supuestamente se recuperó el primer platillo estrellado, a mediados de 1947. Ocupó ese cargo hasta otoño de 1950, cuando regresó a la Armada y fue destinado al Pacífico. Según los documentos del MJ-12, Hillenkoetter no solo continuó como miembro del comité MJ-12 durante su servicio en el Pacífico, sino que fue el elegido para informar al presidente electo Eisenhower.

El 1 de noviembre de 1987, tras saber que Bletchman había contactado con Wescott, le envié varios informes en los que detallaba lo que en mi opinión eran serias discrepancias que indicaban que los documentos eran falsificaciones.

El más importante se centraba en una cuestión estilística que pensé que sería del interés de Wescott. El presunto documento informativo de Hillenkoetter utilizaba constantemente un formato militar-civil mixto extremadamente inusual para escribir una fecha. El formato típico en una redacción civil en Estados Unidos menciona primero el mes («noviembre 18, 1952»), mientras que el formato militar sigue el europeo de mencionar primero el día («18 noviembre 1952»).

Pero en el documento del MJ-12 se utilizaba constantemente un formato mixto con una coma superflua («18 noviembre, 1952″). Además, cuando la fecha era de un solo dígito, el documento MJ-12 tenía un cero delante del dígito («07 julio, 1947»). Este estilo no se utilizaba en Estados Unidos a principios de la década de 1950, cuando supuestamente fue escrito el documento.

También envié a Wescott un libro blanco que revelaba que William L. Moore utilizaba constantemente este mismo formato inusual, con una coma superflua y un cero antepuesto antes de una fecha de un solo dígito. Aportaba fotocopias de 13 cartas personales de Moore dirigidas a mí con la coma superflua y el cero antepuesto subrayados.

La pregunta crítica era si Hillenkoetter también usaba este formato mixto de fecha militar-civil antes del 18 de noviembre de 1952, cuando supuestamente se preparó el documento informativo. Por eso, solicité a la Biblioteca Truman que me proporcionara cuatro cartas que Hillenkoetter había escrito al presidente Truman entre 1948 y 1950, durante su mandato como director de la CIA.

En cada una de estas cartas o memorandos auténticos, Hillenkoetter usaba el formato de fecha militar tradicional, sin la coma superflua. Tres de las cuatro tenían fecha de un solo dígito, pero en ninguna se usó el cero antepuesto que puede verse en el documento del MJ-12.

Que yo sepa, los dos únicos ejemplos del uso constante de este formato mixto militar-civil para escribir la fecha con un cero antepuesto son las cartas de William L. Moore y el presunto documento informativo de Hillenkoetter.

A principios de 1988, Stanton T. Friedman, colaborador de Moore durante mucho tiempo y que ha respaldado con firmeza los documentos del MJ-12, visitó la Biblioteca Truman para obtener copias de cartas o memorandos de Hillenkoetter y así poder dárselas a Wescott para la comparación del formato y estilo con el de los documentos del MJ-12.

Más adelante, Friedman me proporcionó copias de dieciséis cartas o memorandos adicionales de Hillenkoetter escritos entre 1947 y 1950, antes de que volviera al servicio naval. En todas utiliza el formato de fecha militar convencional, es decir, sin la coma superflua. Cuatro fueron escritas en fechas de un solo dígito, pero en ninguna aparece el cero antepuesto que se encuentra en los documentos del MJ-12. Además, en todas y cada una de estas cartas o memorandos de autenticidad confirmada de Hillenkoetter aparece el nombre del autor como R. H. Hillenkoetter, mientras que los documentos MJ-12 se refieren al autor del informe como Roscoe H. Hillenkoetter.

Para el análisis lingüístico de Wescott de los documentos del MJ-12, se le suministraron veintisiete documentos de Hillenkoetter, entre ellos, los que escribió como director de la CIA, así como cartas privadas escritas después de su jubilación.

Wescott le dijo a Bletchman que haría su evaluación basándose en la estilística, una rama de la lingüística que se ocupa de las características de estilo y sintaxis peculiares del lenguaje escrito de una persona. El 3 de abril de 1988, Wescott le escribió a Bletchman para emitir su veredicto. La carta de Wescott reveló que había malinterpretado el problema del formato de fecha militar-civil mixto y la coma superflua que yo había planteado y documentado previamente para él.

En palabras de Wescott, «la evidencia estilística que cita [Klass] me parece inconcluyente: yo mismo, por ejemplo, alterno entre escribir abril 3, 1988 y 3 de abril de 1988 en mis cartas». Más adelante añadía: «En situaciones ambiguas como esta, tiendo a seguir un equivalente al principio legal de inocente hasta que se demuestre lo contrario. Mi analogía es auténtico hasta que se demuestre fraudulento».

Cuatro días más tarde, el 7 de abril de 1988, Wescott volvió a escribirle a Bletchman para decirle que Stanton Friedman acababa de llamar, buscando un aval menos ambiguo de la autenticidad los documentos del MJ-12. Esto motivó a Wescott a decir lo siguiente: «En mi opinión, no hay una razón convincente para considerar que ninguna de estas comunicaciones sea fraudulenta o para creer que alguna de ellas fue escrita por alguien que no fuera el propio Hillenkoetter. Esta declaración se aplica tanto al controvertido memorando informativo presidencial del 18 de noviembre de 1952 como a las cartas, tanto oficiales como personales».

No di crédito a mis ojos cuando lo leí en el MUFON UFO Journal. Las 27 cartas o memorandos auténticos e incuestionables de Hillenkoetter se enviaron a Wescott para que tuviera un punto de referencia estilístico para evaluar la autenticidad de los documentos del MJ-12. Pero, a juzgar por sus declaraciones, parece ser que dedicó parte de sus ocho horas a evaluar su autenticidad. No está claro qué utilizó como punto de referencia para dicha evaluación.

Wescott me envió una copia de su carta del 15 de mayo de 1988 a Mark Rodeghier, director científico del CUFOS, agradeciéndole el pago y aportando opiniones adicionales sobre el MJ-12. En esa carta, Wescott mencionó «el formato mixto militar-civil», pero de nuevo se le escapó por completo el evidente problema estilístico.

Al hablar sobre el cero antepuesto en las fechas de un solo dígito, que yo afirmaba que no se había comenzado a usar hasta la década de los setenta del siglo pasado, Wescott dijo: «Si es como la mayoría de los otros asuntos de estilo y uso, yo diría que apareció gradual y esporádicamente en lugar de repentina y sistemáticamente». El punto clave era cuándo comenzó a usarse por primera vez el cero antepuesto en Estados Unidos.

El 23 de mayo le escribí a Wescott y le pedí que me proporcionara fotocopias de cinco documentos militares o de la CIA escritos antes de la fecha del documento del MJ-12 que usaran el cero antepuesto en fechas de un solo dígito. Para proporcionar un incentivo adicional, me ofrecí a contribuir con 100 dólares a una organización benéfica de su elección por cada carta de ese tipo que proporcionara, hasta un máximo de 500 dólares. El 18 de junio, al no tener noticias suyas, le escribí y subí la apuesta. Me ofrecí a donar 100 dólares por carta por hasta diez cartas y un total de 1.000 dólares.

Después de que pasara un mes sin respuesta de Wescott, le escribí para hacerle una oferta adicional: por cada carta o memorando auténtico de Hillenkoetter con fecha anterior al 18 de noviembre de 1952 que usara un cero antepuesto y llevara el nombre Roscoe H. Hillenkoetter (en lugar de R. H. Hillenkoetter), donaría 200 dólares a la organización benéfica que él eligiera, hasta un máximo de 2.000 dólares. Es decir, si Wescott tenía alguna prueba sólida que respaldara su afirmación, obtendría una donación de hasta 3.000 dólares de mi parte para su organización benéfica favorita solo con enviarme fotocopias de dichos documentos. Wescott nunca respondió a ninguna de estas ofertas.

A principios de octubre, ya le había escrito a Wescott seis cartas a las que nunca respondió. La última estaba fechada el 30 de agosto, así que decidí llamarle por teléfono. Lo localicé en Chattanooga, donde vive en la actualidad tras aceptar un encargo de dos años de la Universidad de Tennessee como «primer titular de la cátedra de excelencia en humanidades».

En la correspondencia anterior, Wescott había escrito que en su examen de los documentos del MJ-12 no había encontrado «pruebas claras de fraude», lo que me llevó a pedirle ejemplos ilustrativos de lo que serían para él esas pruebas claras. Wescott respondió: «Si alguien se presentara y confesara el fraude y luego pudiera mostrar los medios por los cuales se perpetró el fraude, sería relativamente concluyente».

Cuando le pregunté a Wescott, que tiene 63 años, cuántos documentos de autenticidad cuestionable había analizado durante su larga carrera, respondió: «Un número pequeño… Varios». Agregó que la autenticación «no es algo que haga habitualmente». En sus propias palabras: «Los documentos de Hillenkoetter son los primeros en los que se me pidió que hiciera algo oficial». Explicó que en los otros casos no había realizado un análisis y solo se le había pedido su «impresión» sobre la autenticidad del documento. Y después agregó: «Esta no es mi especialidad».


El 10 de junio de 1988, Wescott había enviado una carta modelo dirigida a sus «estimados colegas» para dar las gracias a quienes habían escrito sobre su reciente evaluación de los documentos del MJ-12. Admitió que se había «metido en un avispero de controversia».

«A quienes apoyan la autenticidad del memorando, les digo que escribí que pensaba que no estaba probado que fuera un fraude», escribió Wescott. «Para sus críticos, podría haber sostenido de la misma manera que su autenticidad no está probada» [énfasis mío]. Pero optó por no hacerlo. La cuestión de los platillos estrellados, escribió Wescott, «al igual que el tema ufológico más amplio del que forma parte, seguirá desconcertándonos, sospecho, durante mucho tiempo» [énfasis mío].

Durante mi conversación telefónica con Wescott en octubre, le había preguntado si estaba de acuerdo en que, «si los documentos del MJ-12 eran auténticos, se trataría del suceso más extraordinario de al menos los últimos dos milenios». La respuesta de Wescott fue: «No, no creo que sea para decir tanto». Me sorprendió su respuesta y señalé que, si los documentos fueran auténticos, Estados Unidos. tendría pruebas firmes de visitas extraterrestres, a lo que me respondió: «No necesariamente extraterrestres. Podrían ser lo que se denomina ultraterrestres». Cuando le pedí que me aclarara este último término, me dijo: «Significa que no vienen de fuera de la Tierra (…). Otra posibilidad es que haya más dimensiones en nuestra existencia de las que entendemos y que ocasionalmente haya interferencias entre dos dominios».

En una de las pocas respuestas de Wescott a mis cartas, escribió el 13 de mayo para decir que «CSICOP y Skeptical Inquirer no me interesan tanto como a usted, porque no los considero genuinamente escépticos». En cambio, los calificó de «contrafé».

Todo lo anterior debería proporcionar una perspectiva útil a los lectores que tengan la oportunidad de leer algún texto que cite el respaldo de Wescott a la autenticidad del MJ-12, como el artículo de UFO magazine. Empezaba así: «Tras ocho horas de análisis estilístico, el doctor Roger W. Wescott, experto en lingüística, ha presentado lo que puede considerarse la primera autenticación profesional de los documentos del MJ-12». La revista citó a Moore comentando que Wescott está «diciendo claramente que, en su opinión, fueron redactados por Hillenkoetter».

El artículo de The International UFO Reporter decía en el primer párrafo: «Tras una comparación con cartas y otros textos que se sabe que fueron escritos por el almirante Roscoe Hillenkoetter, Roger W. Wescott ha llegado a la conclusión de que el controveertido documento del MJ-12 fue redactado, tal como se afirma, por Hillenkoetter». Un número posterior de IUR puso justo bajo el titular «Declaración de Roger Wescott» la evaluación más equívoca de este. No hubo comentarios del CUFOS ni referencias a la afirmación anterior de IUR de que Wescott había autentificado los documentos del MJ-12.

Considerando que los documentos del MJ-12 representan el primer trabajo oficial de Wescott en la evaluación de la autenticidad de un documento de gran importancia potencial, se podría esperar que escribiera un artículo para una revista a la altura. Pero, cuando se le preguntó sobre esta posibilidad, dijo que no tenía intención de hacerlo.

No es de extrañar, dadas las circunstancias.

Notas de traductor

[1] El libro al que se refiere el autor es The Roswell incident, publicado en 1982 en español como El incidente, que William L. Moore firmó con Charles Berlitz, el impulsor años antes del falso misterio del triángulo de la Bermudas.

Philip J. Klass fue un ufólogo con experiencia en ingeniería electrónica. Fue autor de siete libros sobre ufología, incluidos UFOs Explained y UFO Abductions: a dangerours game. También fue el editor del SUN Newsletter, una boletín relacionado con la ufología.


Publicado originalmente bajo el título de «MJ-12 papers ‘authenticated’?» en el volumen 13, número 3 (primavera 1989) de Skeptical Inquirer , la revista del Centro para la Investigación Escéptica (CSI).

Traducción de Cristina Macía.