Por José Ramón Alonso.
Una de las obligaciones de las entidades locales es promover la cultura en los municipios, cuidar esos tesoros que llamamos bibliotecas, organizar conciertos, exposiciones y conferencias. Los recursos son limitados así que siempre toca elegir y por eso en ocasiones se recibe gustosamente a quien propone una conferencia gratuita, solicita un local público y pide difusión de los actos.
El problema es que bajo ese paraguas de cooperación, incremento de la oferta y apertura al mundo se cuelan personas e ideas que tienen un efecto nocivo y en algunos casos las instituciones locales no están suficientemente alerta. Si alguien presenta una conferencia promoviendo el maltrato a las mujeres, la discriminación de las minorías o la desatención de los niños, montaríamos en cólera y a ningún responsable se le ocurriría colaborar pero ¿qué pasa cuando alguien dice que el cáncer no existe o es culpa de un conflicto que tuviste con tus padres, que el SIDA no existe y lo han inventado las compañías farmacéuticas, que el autismo se cura con una planta o que las vacunas, en realidad el mejor invento de la humanidad, son la causa de cualquiera de estas enfermedades y trastornos?

Comienzo del artículo publicado en Neurociencia, el blog de José Ramón Alonso, el 12 de noviembre de 2016.
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