
Por Autumn Sword.
Quizá no haya una muñeca embrujada más infame que Annabelle (sin ofender a Robert), la muñeca real que inspiró el personaje titular de tres películas –Annabelle (2014), Annabelle: Creation ( 2017) y Annabelle comes home (Annabelle vuelve a casa, 2019)-, además de ser la antagonista principal de The conjuring (Expediente Warren: the conjuring, 2013). Aunque la franquicia cinematográfica The conjuring catapultó a Annabelle (y a sus propietarios, Ed y Lorraine Warren) a la fama internacional, los cazadores de fantasmas y los entusiastas de lo paranormal han ampliado la leyenda combinando la muñeca real con su homóloga de Hollywood.
La muñeca conocida como Annabelle (la versión de la vida real, no la creada para la película) es una muñeca Raggedy Ann producida por la Knickerbocker Toy Company entre 1963 y 1965. Aunque hay razones para pensar que los Warren han utilizado más de una muñeca para las fotografías publicitarias (por ejemplo, un artículo de 1974 del Bridgeport Post menciona que los Warren poseen dos muñecas Raggedy Ann), todas las fotos a lo largo de los años muestran consistentemente esta versión específica de la muñeca con «una enorme nariz, hilo rojo carmesí, amplia sonrisa, cejas angulosas y dos puntos prominentes entre los ojos y la nariz». Si bien es probable que la muñeca Annabelle mida unos noventa centímetros, basándonos en fotografías donde la tienen en brazos, esta línea de muñecas en particular variaba en altura, siendo la más alta como de metro y medio. Esto concuerda con su descripción en el libro de 1981 The demonologist como una «enorme muñeca Raggedy Ann, pesada, del tamaño de un niño de cuatro años» (Brittle 1981).
La fabricación de una leyenda
Aunque la versión más detallada y consistente de la historia de Annabelle se cuenta en el libro de 1981 The demonologist, es importante hacer notar que el libro se publicó diez años después de los hechos y que fue escrito por Gerald Brittle bajo contrato de Ed y Lorraine Warren. En otras palabras, relata sucesos que se produjeron una década antes, embellecidos y desde una perspectiva específica: la de los Warren. Por tanto, el mejor punto de partida es un artículo publicado en 1971 en el Connecticut Sunday Herald en el que Jill Amadio acompaña a los Warren en el caso para «investigar» a la muñeca Annabelle.
Marguerite Tata, que en esa época vivía en un edificio de apartamentos en Glen Road, East Hartford, era la propietaria original de Annabelle: «Tenía una muñeca Raggedy Ann de tamaño natural que mi madre me había regalado un par de años antes y la tenía sobre mi cama como decoración […]. Todo empezó como hace un año, después de que nos mudáramos allí (Marguerite y su compañera de piso, Annalee Goetz). Yo salía con Tony (Anthony Rossi), que vino a vivir con nosotras […]. Pero entonces empezaron a suceder cosas extrañas. Cuando llegábamos a casa del trabajo, encontrábamos a la muñeca en diferentes sitios: en la cocina, en el suelo, incluso arrodillada sobre una silla» (Amadio 1971).
En cierto momento, el novio de Marguerite, Anthony Rossi, fue supuestamente atacado por la muñeca. Al principio, afirmó que había estado teniendo pesadillas: «Empecé a tener pesadillas de la muñeca arrastrándose por mis piernas hasta mi pecho, ¡en un intento de estrangularme! Me despertaba siempre sudando». Pero finalmente declaró haber sido atacado físicamente por la muñeca: «Cogí la muñeca Raggedy Ann, la sacudí por la cabeza y grité: “¡No eres más que un juguete!”. De repente sentí un dolor ardiente a todo lo largo del pecho. ¡Cuando me abrí la camisa había siete marcas sangrantes de garras que me atravesaban el pecho!» (Amadio 1971).
Creyendo que la muñeca estaba poseída por alguna fuerza sobrenatural, Marguerite decidió contactar con una amiga que era médium: «En la sesión descubrimos que la muñeca había sido poseída por el espíritu de una niña que murió cuando tenía siete años. Solía jugar en el lugar donde se construyó nuestro edificio de apartamentos. Dijo que su nombre era Annabelle Higgins» (Amadio 1971).
Al día siguiente, la compañera de piso de Marguerite, Annalee Goetz, llamó a un pastor episcopaliano, el padre Richard Nolan, que daba clase en el Colegio Comunitario Mattatuck en Waterbury, que posteriormente los remitió al «canónigo Jones. Ambos nos aconsejaron ponernos en contacto con un investigador de lo oculto muy conocido, Edward Warren» (Amadio 1971).
Los Warren, que nunca rechazaban una oportunidad de publicidad, contactaron con Jill Amadio, del Connecticut Sunday Herald, tal como Jill le reveló a Stevi Étés’, de Truth or Demons Podcast: «Oh, vinieron a verme al periódico porque yo era reportera. Buscaban publicidad». Como era de esperar, Ed Warren declaró que la muñeca no estaba siendo manejada por una niña pequeña, sino por un espíritu demoníaco. Supuestamente, los Warren llevaron a un pastor episcopaliano que bendijo la casa en un proceso que «le llevó al pastor unos cinco minutos» y luego cogieron la muñeca y se fueron. Según Amadio, les preguntó a los Warren si podía llevarse a la muñeca para fotografiarla para el periódico, a lo que accedieron.

Entre el artículo de 1971 y la publicación de The demonologist, solo hay unos pocos artículos que hagan referencia a Annabelle, uno de los cuales añade varios detalles importantes. En un artículo publicado el 12 de octubre de 1980 en The Salina Journal, la autora, Julie Doll, relata cómo «una mañana que la muñeca estaba sentada a la mesa del desayuno con su propietario, levantó los brazos y los posó sobre la mesa» (Doll 1980). Además, la niña de seis años llamada Annabelle no había muerto sin más, sino que «había resultado muerta en un accidente de coche, dijo Ed».
‘The demonologist‘
La historia de Annabelle, tal como la cuenta Gerald Brittle en su libro de 1981 The demonologist, es bastante fiel a los sucesos anteriores, aunque proporciona más detalles sobre ciertos hechos y cambia ciertos detalles. Recordemos que el libro fue escrito diez años después de esos episodios por alguien contratado por los Warren para hacerlo. Según Brittle, Marguerite Tata (a la que se refiere en el libro como Donna) les contó a los Warren: «Como hace un año, la muñeca empezó a moverse ella sola por el apartamento. No quiero decir que se levantase y se pusiese a andar, sino que cuando volvíamos a casa después de trabajar nunca estaba donde la habíamos dejado […]. Nos dejaba notitas y mensajes. La escritura parecía la de una niña pequeña […]. Decía cosas que no significaban nada para nosotros, como “AYUDADNOS” y “AYUDAD A LOU”» (Brittle 1981). Lou en este caso se refiere a Anthony Rossi.
The demonologist también proporciona un relato más detallado del supuesto ataque de la muñeca a Rossi: «Ocurrió aquí, en este apartamento, cuando Angie (Annalee Goetz) y yo (Anthony) estábamos solos. Eran alrededor de las diez o las once de la noche […]. De pronto, ambos oímos ruidos en el cuarto de Donna (Marguerite) que nos hicieron pensar que alguien se había colado en el apartamento. Me levanté con sigilo y fui de puntillas hasta la puerta del cuarto, que estaba cerrada. Esperé hasta que los ruidos cesaron y luego abrí con cuidado la puerta y metí la mano y encendí la luz. ¡Allí no había nadie! Excepto que la muñeca Annabelle estaba tirada en el suelo en una esquina. Entré yo solo y me dirigí hacia esa cosa para ver si había sucedido algo inusual. Pero en cuanto me acerqué a la muñeca tuve la clara impresión de que había alguien detrás de mí» (Brittle 1981).
A continuación interviene Annalee: «Cuando Lou (Anthony) se volvió, allí no había nadie, pero de repente gritó y se apretó el pecho. Estaba doblado sobre sí mismo, con cortes y sangrando cuando llegué hasta él. Tenía sangre por toda la camisa […]. Entonces abrimos la camisa y tenía sobre el pecho lo que parecía una especie de marcas de garra […]. Siete. Tres eran verticales, cuatro horizontales […]. Todos los cortes estaban calientes, como si fueran quemaduras». Al preguntarle cuánto tiempo tardaron las heridas en curarse, Anthony replicó: «Se curaron casi de inmediato. Al día siguiente casi habían desaparecido, y el día después ya no estaban».
Durante las siguientes décadas, la muñeca Annabelle formaría parte del Museo de lo Oculto de los Warren, «a salvo» tras una vitrina con un cartel que decía: «ADVERTENCIA, no tocar bajo ningún concepto». A pesar de estar encerrada y haber recibido bendiciones y plegarias, la muñeca Annabelle siguió supuestamente maldiciendo a personas que le faltaban al respeto. Uno de los ejemplos más famosos del violento poder sobrenatural de la muñeca nos llega en una entrevista en vídeo con Ed Warren realizada en la década de los 90: «Vino un día un hombre con un grupo de estudiantes universitarios y, después de que yo les hablara de la muñeca, se acercó y se puso a llamar al cristal y a decir: “No creo en nada de eso. Si esta muñeca puede hacer algo, que me lo haga a mí”. Así que lo eché del edificio. Iba en motocicleta. Tres horas después estaba muerto. La chica con la que iba dijo que estaba riéndose de la muñeca cuando perdió el control de la moto, se estrelló contra un árbol y murió en el acto. La chica estuvo en el hospital más de un año».
Para 2013, la historia de la muñeca Annabelle había sido llevada a la gran pantalla en la película de New Line Cinema The conjuring, e inauguraba una franquicia muy rentable. Cuando Lorraine Warren murió en 2019, el control de sus propiedades, incluyendo el museo y todo su contenido, pasó a su hija, Judy, y a su marido, Tony Spera. Aunque el museo se cerró al público debido a infracciones de las normas de uso del suelo, la Sociedad para la Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra, de la que Tony Spera es el director, decidió llevar a la muñeca Annabelle y otros artículos del museo en un tour llamado El Demonio a la fuga, «para que los aficionados a lo paranormal pudieran ver a la Annabelle real».
Pero espera un minuto…
Existen varios problemas evidentes con la historia de los Warren. El primero y más obvio: nunca se ha presentado ninguna prueba que corrobore las increíbles historias que rodean a la muñeca Annabelle. A pesar de que Ed Warren alegase que «tengo la muñeca, tengo películas, tengo grabaciones, tengo relatos de testigos que han contemplado estos fenómenos en y alrededor de la muñeca», ninguna de esas pruebas se ha hecho pública jamás. No fue la única vez que los Warren lanzaron fanfarronadas vacías, como relata el autor Ray Garton, contratado por los Warren para escribir el libro En un lugar oscuro: «Los Warren me contaron muchas veces que tenían un vídeo de actividad sobrenatural real grabado en la casa y que me lo enseñarían mientras estaba allí, pero nunca lo hicieron. Dijeron que no lograban encontrar la cinta».
En segundo lugar, hay varias discrepancias importantes en el modo en que se ha contado y vuelto a contar la historia a lo largo de décadas, y también razones para creer que esa historia ha sido embellecida en las sucesivas versiones. Por ejemplo, el artículo de 1971 en el Connecticut Sunday Herald contaba que fue la médium quien, durante una sesión, comunicó que la muñeca estaba poseída por el espíritu de una niña pequeña llamada Annabelle Higgins que solía jugar en el lugar donde se construyó el edificio de apartamentos. Décadas después, Ed Warren repitió este dato en una entrevista: que fue la médium la que se lo dijo. Sin embargo, el artículo de 1980 en The Salina Journal lo cambió a: «La muñeca le contó a la enfermera y a su compañera de piso que estaba poseída por el espíritu de una niña pequeña que había muerto en un accidente de coche, según Ed» (cursivas añadidas, Doll 1980). ¿Fue la médium quien reveló la identidad del fantasma o fue la muñeca? De repente, la niña pequeña no murió simplemente, sino que murió en un accidente de coche, y no solo un accidente de coche sino, como afirma Ed en la entrevista antes mencionada, en «un accidente en el exterior del edificio de apartamentos». Una vez más, la historia ha cambiado, de manera que Annabelle no solo jugaba en el solar donde se construyó el edificio de apartamentos, sino que murió allí.
No es la única inconsistencia. En el artículo de 1971 se afirma claramente que una de las enfermeras, Annalee, «llamó al padre Richard Nolan, un pastor episcopaliano que da clases en el Colegio Comunitario Mattatuck en Waterbury», que luego las remitió al «canónigo Jones. Ambos nos aconsejaron ponernos en contacto con un investigador de lo oculto muy conocido, Edward Warren» (Amadio 1971). Pero en 1981 The demonologist afirma muy claramente que un pastor episcopaliano anónimo fue quien telefoneó a los Warren. Hubo, de hecho, un padre Richard Nolan que dio clases en el Colegio Comunitario Mattatuck de 1969 a 1992, al igual que un padre canónigo Clinton Robert Jones Jr., de Hartford. He sido incapaz de encontrar cualquier indicio de que alguno de ellos hablara abiertamente de su implicación en este caso, si es que la hubo, y por desgracia ambos han fallecido.
Eso me lleva a una pregunta que nadie ha formulado antes seriamente: si las dos enfermeras y los pastores episcopalianos de la historia existieron realmente, ¿qué pasa con Annabelle Higgins? ¿Fue una persona real o meramente una invención? Al buscar en el índice de defunciones del Registro Civil de Connecticut entre 1897 y 2001, conseguí encontrar un único registro de defunción de una tal «Annabelle Higgins», con fecha del 17 de marzo de 1935. Sin embargo, resulta muy problemático creer que esta Annabelle Higgins fue una niña de seis años que murió en un accidente de coche en Glen Road, East Hartford. Según el obituario del 18 de marzo de 1935, «la señora Annabelle (Leonard) Higgins, del 116 de Brook Street, esposa de Bernard F. Higgins, murió el sábado por la noche en el hospital St. Francis» (Hartford Courant 1935). Así es. Hubo una Annabelle Higgins, pero estaba casada y murió en el Hospital St. Francis a los 57 o 58 años, no una niña pequeña y no en un accidente de automóvil en Glen Road.
La médium anónima, si realmente existió, pudo haber oído hablar de una «Annabelle Higgins», aunque, debido a que su muerte se produjo 36 años antes de la serie de acontecimientos en los que los Warren se vieron envueltos, puede que haya pasado tiempo suficiente para que los detalles auténticos de su vida y su muerte se hayan perdido o distorsionado. Por supuesto, también es posible que se trate de pura coincidencia y no tenga nada que ver con los Warren y su historia. Estoy segura de que los creyentes descartarán cualquier discrepancia como irrelevante. Después de todo, Ed dijo que no era el espíritu de una niña pequeña, sino un demonio, ¡y todo el mundo sabe que los demonios mienten! Sin embargo, existe la intrigante posibilidad, que popularmente dan por hecho los escépticos, de que los Warren no se inventaran totalmente la historia, basada en un episodio de The twilight zone, «Muñeca viviente», en el que una madre llamada -lo habéis adivinado- Annabelle regala a su hija una muñeca que cobra vida.

Hay otro gran problema con la historia de los Warren, específicamente con la historia de Ed sobre el joven que murió en el accidente de moto después de burlarse de Annabelle. Como ocurre con tantas afirmaciones de los Warren, no parece existir ninguna prueba que la sustente: no hay informes policiales, ni obituarios, ni noticias de accidentes; nada, salvo anécdotas personales de Ed Warren y gente cercana a él. En una entrevista de 2023 en Exploring the Paranormal, Dan Rivera, miembro de la Sociedad para la Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra, dio un testimonio personal de primera mano del accidente:
Oí hablar por primera vez de un caballero al que habían echado del museo con su novia, se habían montado en su moto y habían tomado la Ruta 25 en dirección al enlace con la Ruta 8, un sábado por la tarde -era hacia 1980- en que yo volvía a casa. Había ido a trabajar con mi padre a repartir pasteles y bollos a los restaurantes y cafeterías locales. La última parada había sido en el Monroe Diner, y nos dirigíamos a casa por la Ruta 25 en dirección a la Ruta 8. De pronto nos adelantó a toda velocidad una moto en la que iban un caballero y su novia. Tan pronto como llegamos al final de la intersección de la Ruta 25 con la Ruta 8 vimos la moto a un lado de la carretera… Fui testigo de ese accidente. Esa fue mi primera conexión con Annabelle.
Pero, como señala Stevi, de Truth or Demons Podcast, la intersección de la Ruta 25 y la Ruta 8 no se construyó hasta 1982, dos años después de la fecha en que Dan Rivera sitúa el accidente del que fue testigo. Además, el Monroe Diner que citó como la última parada que hizo con su padre no abrió hasta 2012, treinta años después. Así que, a menos que los Rivera condujeran un DeLorean que viajaba en el tiempo, ¡debió ser un trayecto muy largo!
Ayúdame a entender
Dejando a un lado mis discrepancias específicas o los detalles contradictorios de la historia de Annabelle, la forma en que los Warren y otros hablan sobre la muñeca y tratan con ella no tiene ninguna lógica. A pesar de la creencia popular de que la muñeca Annabelle está embrujada por el fantasma de una niña o poseída por una entidad diabólica, el propio Ed Warren nos cuenta que la muñeca no está embrujada ni poseída. En The Demonologist, cuando le preguntan si la muñeca está poseída, Ed afirma explícitamente: «No, la muñeca no está poseída. Los espíritus no poseen cosas: los espíritus poseen personas. En cambio, los espíritus simplemente movían la muñeca y producían la ilusión de que estaba viva» (Brittle 1981). De inmediato surge la pregunta de por qué los Warren conservaron tantos años la muñeca en su museo y por qué se la sigue considerando algo peligroso si tan solo se la había usado como un mero accesorio y no es, en sí misma, algo maligno.
Independientemente de la naturaleza de la muñeca, si en realidad es tan peligrosa como debemos creer que es, ¿porque simplemente no va alguien y la destruye? Tony Spera, yerno de Ed y Lorraine Warren y previamente copropietario de su Museo de lo Oculto, le contó al CT Insider en 2022 que «los artefactos y reliquias del museo no se destruyen para que el mal no tenga la oportunidad de escapar y encontrar otro recipiente. Incluso advertía a aquellos que tal vez no creen en lo sobrenatural que no deberían desafiar al mal que, en su opinión, habita en muñecas como Annabelle, y afirma que quienes lo han hecho fueron víctimas de la ira de la muñeca». Salvo que, según Ed Warren, la muñeca no era un recipiente y ningún espíritu maligno residía en ella.
Dejando todo eso de lado, si aceptamos que la muñeca Annabelle es peligrosa, tan peligrosa que no puede ser destruida, ¿por qué exhibirla en un museo, para empezar? Incluso si aceptamos que destruir la muñeca es malo, ¿no sería mejor alternativa tirar la maldita cosa en alguna parte o enterrarla donde nadie pudiera encontrarla? En The demonologist, Ed le dice a Donna: «Mira, la razón por la que el espíritu empezó a mover la muñeca fue para atraer la atención. Una vez que consiguió vuestra atención, se aprovechó de vosotras» (Brittle 1981). ¿A alguien se le ocurre otra manera de atraer la atención sobre algo? ¡Exhibirla en un museo con un enorme cartel de advertencia!
Un último punto que me gustaría señalar es que, a pesar de que llevan décadas afirmando que la muñeca Annabelle es el objeto más peligroso del museo, y a pesar de que Tony Spera, el yerno de los Warren, declaró en una entrevista grabada en 2021: «No me desharé de ella. No la venderé a ningún precio» y «Los únicos dueños de la muñeca somos mi esposa y yo. Judy y yo heredamos la propiedad de Ed y Lorraine Warren. Nos lo dejaron en el testamento. Poseemos el museo, la propiedad y todo su contenido. Nadie más. Fue una estipulación que dejaron establecida Ed y Lorraine. Mantendremos todos esos objetos a salvo»; a pesar de todo eso, decíamos, el cómico Matt Rife y el creador de contenidos de Youtube Elton Castee anunciaron en 2025 que habían «adquirido oficialmente la casa y el Museo de lo Oculto de Ed y Lorraine Warren, incluyendo el derecho a ser los tutores legales, durante al menos los próximos cinco años, de toda la colección embrujada, incluyendo LA MUÑECA ANNABELLE». Tony Spera califica todo esto de mero «arrendamiento» de la propiedad y la muñeca a Rife, y declara a Today que «todos los objetos, incluyendo la infame muñeca Annabelle, son propiedad mía y de Judy». Y añade: «No tenemos planes de “vender” jamás los objetos». Cabe preguntarse si debemos creer que esta muñeca es tan peligrosa como decían los Warren y otros, y qué posibles cualificaciones tienen un cómico y un youtuber para cuidar adecuadamente una propiedad como esa.
Una explicación más prosaica
Ed y Lorraine Warren tienen un historial bien documentado de afirmaciones fraudulentas y mentiras asociadas con algunos de sus casos más famosos, entre ellos los «genuinos» fenómenos de Amityville, Enfield y la familia Snedeker. Ray Garton, un autor de historias terroríficas contratado por los Warren para escribir su libro En un lugar oscuro, ha hecho públicas críticas muy interesantes sobre Ed Warren en particular. En una entrevista para Damned Connecticut, hacia 2009 Garton explica:
Fui a Connecticut y pasé algún tiempo con los Warren y los Snedeker. Cuando descubrí que la historia de los Snedeker era incoherente y no se sostenía, fui a hablar con Ed Warren y le expliqué el problema. «Están locos», dijo. «Todos los que acuden a nosotros están locos, por eso acuden a nosotros. Tú haz lo que puedas e invéntate el resto. Escribes historias de miedo, ¿no? Bien, pues invéntatelo y haz que dé miedo. Para eso te contratamos».
Volviendo al artículo de 1971 en el Connecticut Sunday Herald, parece ser que Marguerite Tata y sus compañeros de piso contactaron con los Warren porque creían que la muñeca Annabelle estaba embrujada por el espíritu de una niña. No fue hasta que Ed y Lorraine Warren se involucraron cuando, de repente, se convirtió en un caso de posesión demoniaca. Teniendo en cuenta el historial de los Warren de involucrarse en las situaciones, embellecer o inventar los detalles de las historias para hacerlas más sensacionales y usar luego la publicidad para alterarlas aún más en un libro o una película de la que puedan obtener beneficios, no hay ninguna razón para pensar que el caso de Annabelle sea muy distinto.
Eso deja una cuestión muy importante a considerar: Si contactaron con los Warren porque dos enfermeras, Margherite Tata y Annalee Goetz creían genuinamente que la muñeca estaba embrujada, ¿qué las llevó a creer eso en primer lugar? Aunque no puedo ofrecer una explicación para cada afirmación relacionada con Annabelle, creo, sin embargo, que puedo ofrecer una explicación plausible de cómo pudieron empezar estos sucesos. Si partimos de la premisa de que solo una persona viva y real pudo ser la responsable de mover la muñeca, entonces el misterio tiene poco recorrido.
Todos los fenómenos asociados con Annabelle son consistentes con el tipo de fenómenos que habitualmente se atribuyen a poltergeist: objetos que salen volando o levitan y actividad típicamente concentrada alrededor de un individuo que, tras cuidadosas investigaciones, resulta ser el perpetrador. En el caso de Annabelle, tenemos una muñeca que supuestamente se mueve por sí sola, que deja mensajes y que eventualmente se supone que ataca a personas. Esta actividad se concentraba exclusivamente en el novio, Anthony Rossi (las notas lo mencionan a él y solo a él, y fue el único supuestamente atacado).
Teniendo eso presente, la explicación más sencilla es que la actividad atribuida a la muñeca Annabelle fue actualmente perpetrada por el novio de Marguerite Tata, Anthony Rossi. Recordemos que en el artículo de 1971 en el Connecticut Sunday Herald se citaban estas palabras de Marguerite: «Cuando llegábamos a casa de trabajar, encontrábamos la muñeca en sitios diferentes: en la cocina, en el suelo, incluso arrodillada sobre una silla» (Amadio 1971). Aunque con esto podía referirse a los tres residentes, también es muy posible que Marguerite se estuviera refiriendo a sí misma y a su compañera de piso, Annalee, que eran ambas enfermeras y posiblemente tenían turnos similares. Si Anthony estaba en casa solo cuando las otras dos estaban ausentes, eso le daría una oportunidad perfecta para mover la muñeca.
Las notas atribuidas a Annabelle y escritas en lo que parecía caligrafía infantil serían fáciles de falsificar, pero la cuestión sigue siendo por qué la actividad se concentraba en Anthony y en nadie más de la casa. El supuesto ataque a Anthony puede igualmente explicarse como un medio de llamar la atención. Recordemos que no solo no se buscó atención médica, sino que las heridas sanaron en cuestión de días. En ningún momento existió la preocupación de que Anthony pudiera desangrarse hasta morir, todo lo cual sugiere que las heridas no eran en absoluto tan serias como quieren hacernos creer. Las heridas sanaron rápidamente y no sangraron mucho porque eran autoinfligidas: lo bastante serias como para llamar la atención, pero no lo suficiente como para requerir una visita al hospital. Incluso el asunto de que las marcas fueran calientes al tacto, tal como se informó, es totalmente consistente con alguien haciéndoselas a sí mismo y la respuesta inflamatoria del cuerpo.
Para cuando los Warren se implicaron, Anthony tendría más de una razón para no confesar la verdad. Por un lado, habría sido embarazoso que algo que había empezado como una simple broma o para llamar la atención de su novia se hubiera convertido en algo que salía en las noticias. Si los Warren fueran investigadores crédulos, deberían haber concluido que la explicación más probable era que alguien estaba gastando una broma, y Anthony Rossi era el único que tenía los medios, la oportunidad y los motivos para hacerlo. Ser descubierto o tener que admitir el fraude a esas alturas habría supuesto una comprensible vergüenza y, si de hecho fue el responsable, tuvo suerte de que los Warren no fueran capaces de descubrir la verdad, o no estuvieran interesados en hacerlo.
Entonces, ¿es peligrosa Annabelle?
Aunque algunas de las afirmaciones más sensacionales sobre la muñeca conocida como Annabelle han sido refutadas o se han puesto en serias dudas, muchas son imposibles de verificar y, por tanto, no se pueden refutar. A fin de cuentas, lo que nos queda es un puñado de historias de miedo y supuestos incidentes atribuidos a la muñeca sin ninguna prueba sustancial o concreta que se pueda examinar. Así que ¿Annabelle es realmente peligrosa? ¿Deberíamos preocuparnos por la muñeca maldita?
Por supuesto que no. Hay muy buenas razones para pensar que Annabelle no es más que una muñeca Raggedy Ann, sin nada especial salvo los cuentos que la gente ha estado contando a lo largo de los años. No obstante, si las inconsistencias, irracionalidades y directas falsedades que se han señalado hasta el momento no fueran suficientes, entonces quizá lo sean los testimonios de primera mano de aquellos que han estado más cerca de la muñeca.
Eric Vitale, antiguo miembro de la Sociedad para la Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra (NESPR) que trabajó en el Museo de lo Oculto, ha expresado públicamente en el canal de Youtube Dust Productions su escepticismo sobre la muñeca y sus críticas sobre cómo se ha tratado el tema: «La NESPR es un circo ambulante. Es la gallina de los huevos de oro», dijo. Y ha señalado que, a pesar de lo peligrosa que se supone que era Annabelle, no era raro que Ed y Lorraine Warren se llevaran la muñeca a los restaurantes locales y cobraran cifras exorbitantes por hacerse fotos con ella. Se podría excusar el exhibir un objeto tan peligroso en un museo, pero ¿cómo demonios justificas lo de llevártelo al Denny’s del pueblo?
Además, a pesar de que se supone que la muñeca es tan peligrosa que requiere procedimientos especiales para manejarla, Vitale afirma que es puro espectáculo. Según Vitale, durante un evento transmitido en directo en el que el antiguo miembro del NESPR Dan Rivera movió la muñeca, Tony Spera afirmó falsamente que él (Rivera) «había sido bendecido esa mañana, lo cual no era cierto, porque estuve con Dan el día entero». Vitale también afirma que los sacerdotes que la NESPR trae para decir oraciones vinculantes sobre la muñeca son falsos: «Hay vídeos de tipos que parecen sacerdotes lanzando bendiciones, pero no son verdaderos sacerdotes. Son literalmente gente disfrazada».
Finalmente, cuando se le pregunta directamente si cree que Annabelle es peligrosa, Vitale responde: «Creo que Annabelle es una muñeca que Ed y Lorraine le compraron a dos mujeres que estaban aterrorizadas por cosas que ellas pensaban que sucedían, pero, insisto, esas mujeres nunca hablaron abiertamente de ello. En este punto, Annabelle es solo una reliquia paranormal. Es una estrella del rock. Todo el mundo quiere ver a Annabelle. No creo que esa muñeca esté embrujada».
Pero, en realidad, una de las mujeres sí que ha salido a hablar abierta y públicamente del asunto. En una publicación de Facebook colgada por el cazafantasmas Jimmy Petonito, entrada ya eliminada pero de la que Stevi Étés’, del Truth or Demons Podcast, capturó y salvó un pantallazo, Marguerite Tata se presentó como la primera propietaria de Annabelle para compartir sus impresiones. Reproduzco más abajo la captura de pantalla del post original, aunque con los nombres tachados por privacidad. Según lo que Marguerite Tata dijo, aunque parece creer genuinamente que lo que ocurrió entre ella y la muñeca fue de naturaleza paranormal, ahora parece dudar de ciertos detalles no especificados y dice sentirse «un poco escéptica» y que «muchas cosas cambiaron» entre el relato de los Warren de su historia y la versión más sensacionalista de Hollywood.

Si quienes han estado realmente en contacto cercano con la muñeca Annabelle, o incluso han sido propietarios de ella, dudan de su peligrosidad y, de hecho, han sobrevivido a la historia, no hay ninguna razón para que los demás debamos tomarla en serio. Al fin y al cabo, es probable que Eric Vitale tenga toda la razón en su análisis de Annabelle: que no es más que atrezo, una muñeca de trapo convertida en paracelebridad por unos notorios estafadores que contrataron a un escritor para urdir una buena historia con ellos en el centro como héroes. Los Warren se pasaron la vida aprovechándose de la credulidad de los demás y, dado que su museo sigue abierto, no parece que eso vaya a cambiar.
Referencias
Amadio, Jill. 1971. «Raggedy-Ann doll puts ‘hex’ on three». Connecticut Sunday Herald.
Brittle, Gerald. 1980. The demonologist. Prentice Hall.
Doll, Julie. 1980. «Demonologist Warn of Evil Spirits». The Salina Journal, 12 de octubre.
1935. «Obituaries». The Hartford Courant. 18 de marzo.
Nelson, Berta. 1974. «Witches, Psychics Cavort at Halloween Party». The Bridgeport Post. 27 de octubre.
Autumn Sword es investigadora y anfitriona del pódcast The Devil in the Details.
Publicado originalmente bajo el título de «Are haunted dolls mere child’s play? Part two» el 28 de agosto de 2025 en la versión en línea de Skeptical Inquirer (28/VIII/2025), la revista del Centro para la Investigación Escéptica (CSI).
Traducción de José Luis Piquero.
